Glutamato monosódico

TÓXICO ADITIVO ADICTIVO

 

Desde inicio de siglo venimos advirtiendo sobre aditivos y adictivos. Pero hay uno que expresa al máximo este matrimonio de efectos: el glutamato monosódico. En los últimos días apareció un texto con nuevas evidencias sobre el comprobado efecto tumoral del GMS. Por ello decidimos reproducir parte de ese informe y volver a proponer nuestro viejo informe, con la idea que sirva a tomar consciencia y evitar su consumo camuflado.

El nuevo informe
GLUTAMATO DE SODIO

Hablemos del aditivo que más hace peligrar nuestra salud por su constante presencia en la alimentación. En su forma natural, el glutamato es un aminoácido no esencial presente en el organismo, pero también en muchos alimentos, especialmente en las proteínas vegetales. Ahora bien, no es esta versión natural, ni mucho menos, la que se utiliza en la industria agroalimentaria. En este caso proviene directamente de la química y en su forma más terrible: el glutamato de sodio, también denominado glutamato monosódico y designado con la referencia E 621. Y su reputación “sulfurosa” está completamente justificada.

Esta sustancia se emplea como potenciador artificial del sabor y actúa excitando químicamente a las papilas gustativas. Por tanto, no deja de estar engañando al consumidor sobre el verdadero sabor del producto que está ingiriendo. Y por ello es habitual encontrarlo en infinidad de productos alimenticios en los que prima el beneficio sobre la calidad. Por ejemplo, sopas envasadas, platos ya preparados a base de carne, papas fritas, hamburguesas, refrescos, pastillas de caldo, jugos de frutas, productos de panadería industrial, alimentos congelados, carnes y embutidos ahumados, salsas de elaboración industrial…

No es de extrañar que esta sustancia se haya prohibido, en todas sus formas, en la alimentación orgánica. Y es que el glutamato monosódico, cuya dosis diaria permitida es de 30 mg/kg de peso, es el principal responsable del denominado “síndrome del restaurante chino” porque se utiliza en muchos restaurantes asiáticos para darle el famoso sabor “umami” (“sabroso” en japonés, es uno de los sabores básicos de la cocina oriental junto con el dulce, el ácido, el amargo y el salado). De ahí que las personas que comen a menudo en estos negocios suelen experimentar síntomas asociados a un consumo excesivo de E 621. Por ejemplo, tensiones faciales, dolor en el pecho, sensación de ardor en todo el cuerpo y ansiedad, entre otros.

Y por si eso no fuera suficiente, casi para confundir al consumidor, el glutamato puede referenciarse en la etiqueta del producto con distintos nombres: glutamato de sodio o monosódico (E 621), ácido glutamínico (E 620), monopotásico glutamato (E 622), diglutamato de calcio (E 623) o glutamato de amonio (E 624), diglutamato de magnesio (E 625). Y también puede aparecer bajo las siglas GMS o MSG (en inglés).

Uno de los efectos del glutamato es que hace que se tengan más ganas de comer, ya que actúa inhibiendo la sensación de saciedad. Y no hay duda de que esto supone un gran beneficio para la industria agroalimentaria.

De este modo, estos aditivos (de E 621 a E 625) actúan exactamente como haría cualquier droga en el cerebro, creando dependencia, además de causar efectos neurotóxicos y trastornos renales. En la obra “Peligro, aditivos alimentarios” [1] se indica específicamente que “los glutamatos son muy controvertidos debido a su potencial neurotoxicidad y su relación con enfermedades neurodegenerativas (como alzhéimer y párkinson). De hecho, el glutamato sería responsable de la destrucción de células nerviosas al sobreexcitarlas y de agravar los trastornos neurológicos existentes […] Desregularía las sensaciones de hambre y saciedad al aumentar anormalmente el apetito. También puede empeorar las urticarias […] Al estar involucrado en reacciones alérgicas y en el síndrome del restaurante chino se debe evitar en personas especialmente sensibles”.

Por su parte, la investigadora Corinne Gouget [2] afirma que el glutamato es un neurotóxico capaz de destruir rápidamente las neuronas del cerebro. E igual de llamativa es la opinión del neurocirujano, nutricionista y e specialista en cáncer Russell Blaylock [3], quien ha observado que incluso en las dosis normalmente permitidas el glutamato actúa como un “poderoso estimulante” de los tumores cancerosos. Hasta el punto de que llega a volver incurable un cáncer que podría haberse tratado con éxito.

A este respecto el Dr. Blaylock explicó [4] que el E 621 (y los sucesivos aditivos) “… hace que las células cancerosas sean más móviles y provoca la multiplicación de las metástasis. Y las células expuestas al glutamato terminan apareciendo a través de los tejidos, que es uno de los primeros signos del cáncer. Cuando se aumenta el nivel de glutamato el cáncer se expande como un fuego y, cuando se bloquea, se ralentiza de manera sorprendente la progresión del cáncer”.

[1] Camille Lefebvre y Léa Zubiria, dietistas nutricionistas, “C’est quoi le glutamate ou acide glutamique?”. Passeport Santé. 2017,.
[2] Corinne Gouget ha estudiado durante mucho tiempo la toxicidad de los aditivos alimentarios y es autora de una guía “Peligro, aditivos alimentarios”.
[3] El Dr. Russel Blaylock es autor de un libro de referencia, “Excitotoxins The Taste that Kills”. 1997.
[4] “Dr. Russell Blaylock reveals secrets of MSG toxicity (excitotoxins) in Health Ranger interview”. Natural News. 2012.

Publicado por Revista Alternatura Salud, Nº 99, febrero 2024, Ediciones de Salud, Nutrición y Bienestar, Madrid, España.

El informe completo puede descargarse aquí.

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