Dentadura y fisiología

LA TERCERA DENTICIÓN

 

Cuando comencé a investigar la normalidad de la fisiología corporal, me sorprendía encontrar evidencias de la tercera dentición que aparecía en personas que superaban los cien años de vida. Claro, como no es fácil encontrar seres centenarios (pese a que lo “normal” es vivir 150 años), parecía algo “raro” esto del “tercer juego de dientes”. Y al plantearlo en los talleres, siempre se minimizaba los testimonios y se reclamaba “evidencia científica”. Pero por suerte (aunque reconocer la fisiología no puede llamarse “suerte”) todo llega.

A continuación reproducimos algunos conceptos publicados por el Dr. Joseph Mercola, difundiendo investigaciones japonesas al respecto. Casi todas las personas nacen con 20 dientes de leche y 32 dientes permanentes, que sustituyen los dientes de leche cuando se caen. Pero ahora se reconoce científicamente que hay personas que nacen con hiperdoncia o dientes supernumerarios.

Esto, en términos más simples, significa dientes adicionales. Y se reconoce que uno de cada tres casos de hiperdoncia termina con el crecimiento de un tercer grupo de dientes. Los investigadores creen que los humanos alguna vez tuvieron la capacidad de desarrollar un tercer grupo de dientes y, aunque se fue perdiendo con el tiempo, existe evidencia de que podría recuperarse. Científicos utilizaron en ratones un medicamento (anticuerpos neutralizantes) para inhibir el gen que limita el crecimiento de los dientes y de ese modo, lograron que les crecieran dientes nuevos a los ratoncitos.

¿MAGIA MEDICA O NORMALIDAD FISIOLÓGICA?

Más allá de futuros medicamentos para estimular nueva dentición, si la salud oral se deteriora hasta el punto de perder los dientes, es un síntoma de que está deteriorada la salud en general. Es esto lo que hay que atender.

La gingivitis (itis significa inflamación) es síntoma de un desorden crónico que el cuerpo está tratando de armonizar. La inflamación de las encías, el sangrado, las caries, la halitosis (mal olor bucal), la excesiva sensibilidad dental, las aftas bucales… son todos marcadores de la disbiosis del microbioma oral, del desorden alimentario y del ensuciamiento corporal crónico.

La mala salud dental es el comienzo de muchas patologías que suelen manifestarse tiempo mas tarde. Cuando se dice “las enfermedades comienzan en el intestino”, hay que rectificarla: “las enfermedades comienzan en la boca”. Y esto no se resuelve con “lavarse los dientes” o “blanquearlos”.

Hay mucha evidencia científica que relaciona el desorden bucal y las patologías de las encías, como marcadores de atrofias cerebrales, Alzheimer, diabetes, enfermedades del corazón, patologías respiratorias, problemas durante el embarazo, cáncer y enfermedades del sistema nervioso.

Según investigaciones, casi la mitad de los adultos de 30 años en adelante tienen signos de enfermedad de las encías. Pero, muchos no saben que la padecen, ya que la enfermedad de las encías suele ser «silenciosa», y no muestra signos ni síntomas hasta que está en una etapa avanzada.

En la etapa inicial de la gingivitis, las encías podrían sangrar cuando se cepilla los dientes, utiliza hilo dental o come alimentos duros. Sus encías también podrían estar rojas o inflamadas. A medida que la enfermedad avanza, las encías podrían separarse de los dientes, lo que hace que parezcan más largos. Los dientes también podrían aflojarse y desarrollar llagas en la boca, así como mal aliento y pus entre las encías y los dientes.

La pérdida de salud dental puede evitarse con ayuda de estrategias de prevención. La principal es una alimentación fisiológica, con alimentos frescos y fermentados, que potencian la microbiota oral. Esta microbiota está compuesta por miles de especies diferentes, cuya diversidad les permite adaptarse a diversas situaciones y cambios ambientales.

Esto fue demostrado y documentado por el odontólogo Weston Price, a través de su vuelta al mundo analizando bocas y dientes de poblaciones ancestrales de comienzo del siglo pasado. Ese libro original con sus fotografías puede descargarse aquí, traducido al español. Price vio, atravesando distintas culturas y estilos alimentarios, muchas dentaduras estéticamente desagradables, pero no encontró caries en las poblaciones que mantenían sus hábitos y costumbres. En cambio, percibió mucha enfermedad dental en aquellas tribus y etnias que adoptaban la alimentación occidental. De allí el título “Nutrición y degeneración física, Comparación de las dietas primitiva y moderna y sus efectos”.

MITOS DE LA HIGIENE BUCAL

Luego conviene detenerse en lo que se ha dado en llamar “Una buena higiene oral”. Parece que todo se resume a dentífricos, enjuagues bucales y revisiones odontológicas. En primer lugar, a los dientes ¿hay que lavarlos porque se “ensucian”? Comiendo una zanahoria o una manzana ¿ensuciamos los dientes? Ahora, claro, si comemos snacks (como los chizitos o popcorns) claro que hay materia que se pegotea en los dientes y hay que lavar.

Pero ¿con que lavar? Más allá de diferentes dentífricos (industriales o artesanales) lo que hacemos en poner en la boca principios detersivos y abrasivos, que básicamente destruyen la película de biofilm que generan las bacterias de nuestro microbioma oral nativo. Cambiamos pH, alteramos bacterias útiles y sobre todo “lijamos” diariamente el biofilm protector que es el encargado de salvaguardar nuestra dentina (esmalte dental).

Odontólogos conscientes advierten sobre estas prácticas nocivas, incluso utilizando “pastas naturales” que se basan en abrasivos como la arcilla. Cuando barremos el biofilm, la dentina queda expuesta a los pH ácidos industriales (gaseosas con ácidos corrosivos) o naturales (limón, vinagre, fermentos). De allí que recomendemos cepillar simplemente con agua. A lo sumo podemos agregar gotas de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) con lo cual podemos hacer buches que aportan oxígeno al microbioma oral nativo que es básicamente aeróbico (dependiente del oxígeno).

Otras prácticas recomendables es usar el hilo dental para quitar alimentos en los espacios interdentales. También el raspado de lengua por la mañana, pasando una cuchara sopera invertida, para remover la saburra (toxemia) que se deposita durante la noche sobre la lengua, que en toxicidad crónica, se improvisa como órgano de eliminación. Es lo que sucede en las encías cuando percibimos aftas bucales (llagas) o sangrado: el cuerpo está erupcionando desechos tóxicos y ácidos.

Ahora bien, el uso del dentífrico es un hábito que nos imponen desde niños. “Nene cepíllate los dientes dos veces por día y con mucha pasta”. Parece que, si te olvidabas, ibas a ir al infierno. Haciendo espuma en la boca parecíamos perros rabiosos.

Pero mantuvimos esos hábitos, porque en realidad el mentol y el eucaliptus servían para disimular el olor nauseabundo que despedían nuestras bocas, como síntoma de un organismo crónicamente ensuciado, por no decir que eran emanaciones de un estado putrefactivo interno. Si había que ir a una entrevista laboral o a una cita amorosa, necesitábamos “oler lindo y perfumado”.

Tiempo después llegábamos, mediante el dolor, al dentista que encontraba caries y regularmente raíces afectadas por esas caries, que llevaban al famoso tratamiento de conducto (endodoncia). Así se “mataba” la raíz, para “salvar” el diente (hueso putrefacto). Pero no se resolvía la disbiosis bacteriana, ya que ninguna aplicación de desinfectantes odontológicos logrará neutralizar al 100%: siempre quedan bacterias nocivas. Por tanto, al mantener un ambiente interno “desarrollista de patógenos”, el problema queda mucho más interno, aunque por fuera momentáneamente no se advierte dolor. Y dado que las 32 piezas dentales están interconectadas por meridianos con todos los órganos del cuerpo, tiempo mas tarde advertiremos mal función de órganos que a distancia son afectados por esta infección interna.

Comprendo que al leer esto, usted piense que estamos locos o somos terroristas. Como este medio no permite extendernos en evidencias, lo invitamos a consultar este dossier, donde simplemente pegamos distintas fuentes que hablan del tema e incluso dejamos el link para que vea un documental que denuncia el tema de las endodoncias y que plataformas como Netflix debieron dar de baja por la presión de las asociaciones de odontólogos. Intereses corporativos que le dicen. Pero usted proteja su salud dental, cambiando hábitos, transitando los seis andariveles del Proceso Depurativo y adoptando una alimentación mas viva. Y verá que su dentadura y su salud bucal mejorará. Se lo digo desde mi experiencia personal (dejé de tener caries) y de los huéspedes del Espacio.

El informe completo se puede descargar aquí. Buena lectura…

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