Mielina, sistema nervioso, memoria

¿TODO SIN SOLUCIÓN?

 

Si se comprende el panorama de interacciones y efectos cruzados que venimos cuestionando (entradas del blog, podcasts, videos), es imposible circunscribir las patologías que afectan al sistema nervioso y a la memoria: depresión, ansiedad, estrés, mielopatías como esclerosis múltiple, esclerosis lateral amiotrófica, Parkinson, Alzheimer, trastornos de desarrollo infantil, esquizofrenia, convulsiones, las modernas muertes súbitas. el síndrome de piernas inquietas… hasta la poliomielitis. La clave es cuestionarnos las cosas y sus porqués, algo que estimulamos desde nuestro último libro. Hablemos de estos temas, sin olvidar el trasfondo del ambiente corporal y de inflamación crónica… porque “todo tiene que ver con todo”… y “todo tiene solución”, siempre y cuando comprendamos y resolvamos la causa profunda.

Qué es primero, ¿el huevo o la gallina? Todo está protagonizado por el sistema nervioso, pero hay una multifactoriedad de actores y eventos que confluyen en el eje cerebro/sistema nervioso. Comencemos con las mielopatías, afecciones que afectan a la mielina y que la ortodoxia considera sin solución conocida, irreversibles, atribuidas a causas desconocidas e hipotizando que pueden deberse a un determinismo genético. Esto último resulta obviamente paralizante a nivel emocional y genera un estado de frustración, desvalorización e impotencia en el paciente.

El conocido escritor Martín Caparrós, victima del ELA, en su ultimo libro “Antes que nada”, en el que cuenta su experiencia con la patología, se refiere a la enfermedad y a la simbología de esa palabra. “Franceses e italianos la llaman de una forma descarnada: malattia, todo lo que altera la salud de los hombres. Es una palabra que inventaron hacia el siglo XII, pero en ella la presencia del mal es tan notoria que da casi miedito. Nosotros, en español, nos quedamos con aquella palabra latina in-firmus, el que no está firme, el que no tiene fuerza. Nosotros hablamos del que sufre sus efectos; franceses e italianos le dan entidad propia, la vuelven ese monstruo tan temible”.

Ahora bien, el párrafo da para algunas preguntas: ¿Quién la altera la salud a los hombres? ¿Hay presencia del mal? ¿Es un monstruo? No estar firme, no tener fuerza ¿Es sufrir los efectos de la enfermedad? ¿Somos víctimas de algo imprevisible, maléfico y castigador? Nadie enferma comiendo lechuga y manzanas. Todos hemos tenido décadas de inconsciencia. ¿Todos enfermamos así?

¿Qué es la mielina? Es una sustancia lipoproteica que produce el organismo para envolver y proteger los axones de las neuronas. El cuerpo sabe hacer mielina, pero la mielina está afectada por la acidez ambiental (los ácidos corroen esta protección aislante) y por los parásitos que literalmente se la comen. A causa de una barrera hematoencefálica demasiado permeable (debido a la inflamación crónica), esporas, quistes y huevos de parásitos pasan al cerebro y hacen allí “campamento”. Además de “bichos grandes”, hay millares de pequeños parásitos en el espacio interneuronal (el espacio entre neuronas), que se alimentan de la mielina. Y que luego dejan allí sus desechos metabólicos tóxicos; sus excrementos.

Cuando hablamos de “bichosen el cerebro, pareciera que estamos fantaseando. Veamos lo que pasó hace poco en un quirófano de Australia. Una neurocirujana que investigaba los “misteriosos síntomas” de una paciente, extrajo un gusano vivo de su cerebro. Estaba realizando una biopsia, pensando encontrar un cáncer o un absceso, pero halló en la cabeza de la paciente, un parásito que todavía se movía. La cirujana Hari Priya Bandi del Hospital de Canberra, estaba realizando una biopsia a través de un agujero en el cráneo de la paciente de 64 años, cuando se encontró con la sorpresa; utilizando unas pinzas, pudo sacar el parásito vivo, que medía 8 centímetros. “Todos en el quirófano nos sentimos un poco asqueados, añadió la cirujana. La criatura era un gusano autóctono de Australia (Ophidascaris robertsi), que hasta ahora no se conocía como parásito humano”. Este caso médico se publicó en el último número de la revista Emerging Infectious Diseases.

Lo interesante es que la mujer de 64 años había ingresado en el hospital tras tres meses de olvidos y depresión. Antes tenía síntomas como dolor abdominal, diarrea, tos seca y sudores nocturnos. Los médicos esperaban que la biopsia cerebral revelara un cáncer o un absceso. “Esta paciente había sido tratada de una enfermedad misteriosa que, en última instancia, pensábamos que era una afección inmunológica, y entonces, de la nada, apareció este gran bulto en la parte frontal de su cerebro. Todos los presentes en el quirófano se quedaron absolutamente atónitos, añadió la médica, quién aclaró que su paciente recobró la conciencia después de extraer el gusano, sin ninguna consecuencia negativa. Luego, los síntomas neuro psiquiátricos de la paciente mejoraron.

PROBLEMAS DE MEMORIA

Hoy se estima que más de 55 millones de individuos en el mundo padecen la llamada “enfermedad de la memoria”. Las publicaciones oficiales han caracterizado al Alzheimer como una construcción biológica formada en el cerebro por la presencia de placas compuestas por una proteína anormal y por neuro degeneración. Según los medios, los factores de riesgo incluyen ciertos genes (se habla de bio marcadores genéticos), la edad, la historia familiar, los traumatismos de cráneo y el aislamiento social, así como todos aquellos asociados con la ateroesclerosis. La epigenética hace décadas estableció que los genes no determinan, sino que responden, con síntesis proteicas específicas, al reclamo del ambiente extracelular. Algo que confirmó el último Premio Nobel con el hallazgo de los micro ARN.

Por otra parte, Alfred Pischinger aportó otra pauta al identificar los 5 mecanismos de sobrevivencia celular frente a la acidez ambiental. Y uno de ellos es el suicidio: Rodeada por enemigos ácidos, la célula no logra funcionar correctamente y escoge morir. El proceso por el que la célula decide morir por el bien común del organismo, se denomina “apoptosis” celular. Ahora bien, que sucede si estos “cadáveres” celulares no tienen una fluida salida del organismo, a causa del colapso de los órganos de eliminación. Se formará tejido fibroso, el cual no es otra cosa que miles de estas células muertas (suicidadas), que forman los fibromas. Dependiendo de su ubicación hablaremos de: fibroma mamario, uterino, pulmonar, prostático, etc. Si las células mueren en el cerebro, hablaremos de Alzheimer o Parkinson, pero si los ácidos corroen la capa aislante que cubre a los nervios (mielina) hablaremos de ELA (esclerosis lateral amiotrófica) o EM (esclerosis múltiple).

Con todo lo que estamos viendo, ¿podemos seguir pensando que “el alemán” es una enfermedad? No. Es la simple consecuencia de una multifactoriedad ambiental.

¿QUÉ SON LAS ESCLEROSIS?

El término esclerosis deriva de un vocablo griego, compuesto por la raíz “skleros” que quiere decir “duro”, más el sufijo “osis” que alude a “enfermedad”. De acuerdo a su etimología, el término indica que la esclerosis es un endurecimiento de órgano o tejido, debido a un incremento de los tejidos conjuntivos. La esclerosis es, por lo tanto, una enfermedad que deriva de otra, no es una enfermedad autónoma.

Suele producirse debido a un daño del tejido, como resultado de inflamación, del paso de fluidos a un órgano o un tejido, procesos de envejecimiento o de una enfermedad autoinmune; todo puede desembocar en una esclerosis, que conlleva a un endurecimiento y perdida de elasticidad de los órganos afectados. Veamos algunos ejemplos de esclerosis, además del ELA: esclerosis múltiple o esclerosis de placas, ateroesclerosis, cirrosis hepática, otosclerosis, esclerodermia y esclerosis tuberosa.

LA E.L.A. ¿NO TIENE CURA?

Ante casos en personajes públicos, se lanzaron campañas mundiales para concientizar sobre Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Se trata de una enfermedad progresiva que afecta a las neuronas en el cerebro y la médula espinal, causando pérdida del control muscular, entre otros síntomas. En general, los pacientes pierden gradualmente movilidad en las extremidades del cuerpo. A su vez, puede haber problemas en la deglución, en el habla y en la respiración. Oficialmente no existen tratamientos que logren curar esta patología tan particular, que puede presentarse en cualquier etapa de la vida, pero la mayoría de los diagnosticados tiene más de 40 años. La ortodoxia afirma que las causas de la ELA no se conocen con precisión, y más del 95% de los casos son esporádicos.

Llegar a un diagnóstico preciso es complicado. Pero cuando se entrega el diagnóstico, generalmente hay un impacto emocional muy fuerte en el paciente y en su entorno afectivo. Es un shock, pues no hay nada para hacer. Los proyectos de vida quedan truncos. Los medicamentos utilizados para tratar la ELA son principalmente dos, que únicamente hacen más llevadera la evolución de la patología. Generan un modesto efecto en el desarrollo de la ELA, pero no la detienen ni la curan.

Uno es un antagonista del glutamato, utilizado como un anticonvulsivo, que actúa sobre la degeneración de las neuronas motoras para que el proceso sea más lento. El otro es un agente antioxidante que influye en el daño celular del paciente, específicamente en un desequilibrio llamado estrés oxidativo, consecuencia de un exceso de radicales libres en las células, porque los antioxidantes no son suficientes.

¿Vemos los puntos de contacto? Glutamato, estrés oxidativo, inflamación, autoinmunes, desechos en los fluidos, virus… Y esto termina por fortalecer el concepto que venimos repitiendo: todo es multifactorial. Estilo de vida: alimentos, sedentarismo, toxemia emocional, híper estimulación, electromagnetismo, contaminación química, aislamiento de la naturaleza, sobrepeso, parásitos (que excretan más desechos)… O sea, y disculpas si alguien se siente ofendido, todo es abundancia crónica de toxemia y parásitos, es decir “mugre y bichos”.

Y esto ¿tiene o no tiene solución? ¿Queremos ver la realidad? ¿Hay que luchar contra los diagnósticos? ¿Hay que luchar contra “la mugre y los bichos”? En las luchas, siempre hay alguien que gana y muchos que pierden ¿no? ¿Por qué no elegir una vía donde todos ganemos? ¿La inflamación es una enfermedad? ¿Hay que luchar contra la inflamación crónica de bajo grado o la neuro-inflamación?

Hemos visto que las mal llamadas autoinmunes, no son enfermedades. El cuerpo no se ataca a sí mismo. Se habla de lo laborioso que resulta realizar un diagnóstico en estas mielopatías. ¿Tiene sentido perder tiempo y energía en buscar un rótulo, en lugar de usar ese tiempo y esa energía para resolver la causa profunda? ¿Qué cambia un diagnóstico de ELA, EM o Parkinson? En el informe descargable en pdf, se amplía el tema de piernas inquietas y la colina.

 El texto completo sobre estas afecciones está disponible aquí.

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1 comentario en “Mielina, sistema nervioso, memoria”

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