Excusas alimentarias

JUSTIFICACIONES MENTALES

 

Nunca consideramos a la alimentación como la panacea que resuelve todo. Solo la sugerimos como una forma de acompañar eficientemente el tránsito de los seis andariveles del Proceso Depurativo. ¿Por que acompañamiento eficiente? Porque durante el tránsito depurativo, el organismo consume mucha energía en la tarea de eliminar toxemia crónica y regenerar tejidos dañados. Si somos conscientes de ello, una alimentación de fácil asimilación permitirá evitar el derroche de energía metabólica para la digestión.

Algo simple de entender es que cuanto menos cocinemos, más sencilla la digestión. La cocción (usada para hacer digeribles ciertas sustancias o para mejorar el sabor) genera varios problemas, en función al tiempo y la temperatura utilizada en el procesamiento. Se evapora el oxígeno (por eso la salsa de tomate se concentra y se pone ácida), se destruyen las vitaminas termosensibles y las enzimas (esto ocurre al superar los 50ºC), se generan moléculas cancerígenas (visibles en el tostado), se destruye el campo vibracional del alimento (los alimentos vivos tienen aura, como nosotros) y se enlentece la digestión.

¿Por qué sucede esto? Por que la cocción coagula y esta densificación obliga a un derroche de energía metabólica para desarmar dicha estructura. Esto es fácil de comprobar en alimentos como la yema de huevo o la caseína de la leche. En todos los casos, sean vegetales o animales, los tiempos digestivos se duplican por efecto de la cocción. Y esto está reflejado en tablas que muestran los tiempos digestivos de los mismos alimentos, crudos o cocidos.

A esto se suma el estrés inmunológico que genera el ingreso de alimentos cocidos en el organismo. Este se llama leucocitosis post prandial que hace cien años se demostraba en Suiza. El Dr. Kouchakof controlaba la presencia de glóbulos blancos, componentes de la actividad inmunológica, en miles de pacientes que selectivamente recibían alimentos crudos (los leucocitos permanecían estables) o cocidos (los glóbulos blancos se duplicaban). La leucocitosis es una condición patológica que se da comúnmente en casos de infección, intoxicación y envenenamiento. Imaginemos este efecto, varias veces al día, mientras estamos depurando y regenerando el organismo.

Pero el planteo de una Alimentación Fisiológica tropieza con falacias que se instalan fuertemente en el contexto cultural. Además influye la crisis de abstinencia que genera el abandono de alimentos adictivos como la proteína animal (carne, lácteos) y los almidones (harinas). La mente siempre intentará justificarse. Por ello repasaremos brevemente algunas populares expresiones que sirven para enmascarar, obviamente de modo inconsciente, nuestras habituales pulsiones cotidianas y nuestra relación emocional y adictiva con la comida.

Comer saludable es caro

Este mito se basa en varias falacias. Lo saludable no es “moda” para ricos, como impone la industria alimentaria, vendiendo productos “lights” que nada tienen de saludable pero que son mas costosos. Las semillas, las frutas y las hortalizas sacian más con menos cantidad, los procesamos en casa y ganamos en salud. Pueden parecer caras las semillas, pero nadie se puede comer medio kilo de nueces y en cambio comemos ese volumen de carne.

Esta comida no llena y es desabrida

No se trata de vivir a lechuguitas. Son saciantes los alimentos concentrados (semillas, algas, germinados, palta, quesos de semilla, espirulina, polen), que forman parte de una despensa saludable. Respecto al sabor, una alimentación saludable es mucho más gustosa que una convencional. Todo dependerá del manejo de los condimentos y de la percepción de los sabores (intensos y desconocidos) de alimentos (como los fermentos) a los cuales no estamos habituados. Por eso se requiere reeducar el paladar, habituado a los aditivos resaltadores de sabor.

La comida sana me aísla

Una Alimentación Fisiológica es perfectamente compatible con la vida social y familiar, aunque amigos y parientes no compartan nuestro abordaje. Podemos compartir afectos o viajar, sin dejar de respetar nuestra fisiología. En el libro y en el archivo descargable del blog, hay muchas sugerencias para trascender los desafíos cotidianos y no ser impactados por compromisos y eventos sociales.

Prefiero vivir menos pero darme los gustos

Este tipo de razonamiento (“de algo hay que morir”, “es mejor vivir poco, pero feliz”, “estoy mal y me como algo rico”, “me merezco un premio, una gratificación”, “si no me recompenso con placer, ¿para qué vivo?”) esconde una desacertada percepción de la realidad. Obvio que si percibimos nuestro tránsito vital como un sacrificio y una lucha continua, necesitaremos un bálsamo aliviador. Y la comida tiene “buena prensa” y resulta “políticamente correcto” porque se asocia a “disfrutar la vida”. Confundimos placer con felicidad, cuando en realidad son antónimos.

No como vegetales porque tienen químicos

¿Acaso solo frutas y verduras reciben químicos en su producción? También los demás alimentos de nuestra dieta moderna contienen igual o mayor cantidad de químicos tóxicos. O acaso, quién no come frutas y verduras, ¿se alimenta de carnes, lácteos y almidones cultivados naturalmente en el patio de su casa y producidos artesanalmente? Además los alimentos fisiológicos tienen quelantes; sustancias como las fibras solubles, que sustraen tóxicos y metales pesados.

Evito los vegetales porque me caen mal

Si nos habituamos a consumir proteína animal y almidones, nuestra microbiota digestiva se tiene que adaptar a ello, a través de putrefactivos y hongos. Y al aparecer un vegetal cada tanto, no hay ambiente metabólico para su procesamiento. Esto se resuelve cambiando el ambiente intestinal, que rápidamente entra en simbiosis con frutas y hortalizas. Y no falta quienes por recomendación, dicen “no como verduras ni semillas porque tengo divertículos”. En realidad los divertículos se forman debido a la ausencia del consumo de verduras y semillas. Y esto también se resuelve con depuración y cambio de hábitos. ¿No se puede comenzar con verduras licuadas?

No tengo tiempo para la cocina

También es frecuente escuchar: “no quiero ser esclava de la cocina”. Justamente la alimentación fisiológica reduce las intervenciones y los tiempos de preparación. Es más, la fermentación es un proceso que hacen las bacterias sin requerir nuestro trabajo. Lo que sí requiere, es organización y planificación. Teniendo procesos en marcha, siempre puedo improvisar una comida en un par de minutos, teniendo frascos de fermentos, algas activadas, quesos de semillas, etc.

Como carne porque hago deporte

Esta muletilla aparece recurrente, como argumento de imposibilidad para adoptar una alimentación de este tipo, frente a la exigencia de una actividad física considerable. Desde el punto de vista fisiológico es simple rebatir y comprobar la falacia del concepto. A esta altura está claro que no necesitamos comer músculos (carne animal) para generar músculos. El cuerpo es un eficaz generador de estructuras proteicas a partir de ingredientes simples (aminoácidos libres), nutrientes de “combustión” limpia y disposición ordenada y funcional.

Tengo miedo a perder masa muscular

Esto surge por el temor frente al adelgazamiento excesivo. Incluso se da en deportistas que dudan en abordar los Seis Andariveles por el miedo a perder musculatura. En primer lugar, el cuerpo nunca se va a deshacer de elementos fisiológicamente útiles. No se desprenderá nunca de órganos, vasos o fibra muscular. Sí se libera la toxicidad almacenada crónicamente en los intersticios de las fibras musculares. Además, la musculatura es solo consecuencia de la demanda que genera una actividad reiterada y creciente de fuerza y movimiento. Sabiamente el cuerpo responde a nuestro requerimiento. No hace fibra muscular porque sí.

Elijo los alimentos “menos peor”

Claro que siempre habrá alimentos “menos peor” que otros. En materia de legumbres, de cereales, de endulzantes, de métodos de cocción, de suplementos o incluso de proteína animal. No es que haya cosas “malas” o “buenas”. O que haya alimentos “prohibidos” o “permitidos”. Será el discernimiento de cada uno y en cada circunstancia, lo que determinará lo que podemos o debemos usar. Y también preguntarnos por qué la resignación a lo “menos peor” (y no solo con la comida). ¿No nos merecemos la excelencia?

El mito del frío

Es un clásico malentendido que genera la comida sin cocción. Habitualmente se la asocia a la sensación de frío, cosa que en realidad se debe al estado de toxemia corporal de un organismo crónicamente ensuciado y hepáticamente colapsado. El hígado opera la termorregulación corporal. Por eso los extremos de extremidades fríos hasta los sofocos. También podemos dar un ligero golpe de calor a nuestras preparaciones. Si bien el calor destruye, si lo usamos moderada y brevemente, no habrá perjuicios y sí una mejora gustativa. Podemos entibiar ensaladas, calentar al baño maría o incluso usar agua caliente en licuados

El mito de las defensas

Todos están obsesionados por levantar las defensas. Más allá de las “entendibles” presiones publicitarias, la sociedad está incitada a la imperiosa búsqueda de un refuerzo inmunológico externo, como parte de un supuesto “buen cuidado” de la calidad de vida. Parece que para “cuidarse”, siempre hay que “comer bien y tomar algo”. Sin embargo, basta con ocuparnos de restablecer el orden corporal perdido. De allí la importancia del abordaje depurativo y de una alimentación vitalizante. Y el mejor estímulo es el contacto con la naturaleza y los extremos térmicos.

El mito de la energía y los suplementos

Con la energía sucede algo similar. Estamos obsesionados por elementos y suplementos que nos “levanten”. Alcaloides, estimulantes, vigorizantes sexuales… Naturales o sintéticos, siempre la búsqueda es por algo que nos haga “pum, para arriba”. Cuando algo necesita ser levantado, es porque se cayó. Pero nunca nos preguntamos ¿por qué cayó? Tenemos un diseño perfecto y eficiente, una fuente de energía infinita y gratuita (el cosmos) y un recurso cotidiano que nos sustenta (el alimento). Estando en contacto con la naturaleza (aire, sol, tierra), manteniendo eficiente la función corporal (depuración) y nutriendo correctamente (alimento vitalizante) ¿por qué hay que pensar en suplementos y energizantes?

El informe sobre justificaciones mentales puede descargarse aquí.

El informe sobre vitalidad alimentaria puede descargarse aquí.

El informe sobre alimentación fisiológica puede descargarse aquí.

El informe sobre la cuestión adictiva puede descargarse aquí.

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