¿ES SALUDABLE VIVIR A 23º?
En los últimos años, hemos perdido registros y sensibilidades orgánicas, a causa de la progresiva artificialización de nuestra forma de vivir. Cuando hablamos de los cambios en el último medio siglo, uno de ellos es nuestra relación con la temperatura ambiente, que hemos estandarizado con los acondicionadores de aire. Como el “aire” nos acompaña en casa, en el trabajo, en el auto, en el súper, en el cine, en los transportes… el sistema inmunológico pierde registros de frío y calor. Esto, no solo debilita nuestra capacidad de respuesta y adaptación, sino que va en contra de nuestra energía celular. Veamos como recuperar esas capacidades.
Nuestros abuelos pasaban frío en invierno y calor en verano. Esto los fortalecía. En cambio, los humanos modernos estamos climatizados todo el año con temperaturas en torno a los 23 grados. No olvidemos que nuestras defensas, que es un complejo interactivo de bacterias, células y electrones, depende de registros para generar respuestas adaptativas.
Por otra parte, la circulación energética también se regula en función al registro térmico exterior. Sabemos por la función mitocondrial, que el frío activa la circulación de electrones, mientras que el calor ralentiza ese flujo. Esto explica las diferencias entre habitantes de zonas frías respecto a los que viven en la franja tropical. En el frio hay más acción y en el ecuador hay más relajación. Aunque el modernismo ha llegado a todas las latitudes y todo se empareja.
Por todo esto, se está poniendo de moda la crioterapia, o terapia del frío. A partir de Win Hoff y de muchos deportistas de elite que difundieron sus beneficios, se va extendiendo su práctica terapéutica. La crioterapia se basa en la respuesta del organismo cuando el ambiente es más frío que la temperatura del cuerpo. Es la parte interna la que genera un mayor número de reacciones; mientras, el sistema periférico sufre lo que se conoce como vaso-constricción para evitar que el calor generado de forma interna se escape a través de la piel. Es en ese momento cuando se genera lo que popularmente se conoce como «piel de gallina». Si aún así el organismo es incapaz de regular la temperatura, se vasoconstriñen todos los sistemas vasculares.
Así, la crioterapia se basa en estimular los mecanismos termorreguladores del organismo. Este tratamiento consigue generar ese efecto «piel de gallina», pero sin llegar a que todos los sistemas vasculares se constriñan. De este modo, cierra el sistema vascular periférico, mientras que el central se encarga de generar una gran circulación sanguínea, la cual alcanza a todos los niveles celulares, así como a los diferentes mecanismos de nutrición metabólica.
La crioterapia tiene una serie de efectos muy beneficiosos sobre el organismo.
Efecto analgésico: el uso del frío es un tratamiento muy efectivo para el tratamiento del dolor, tanto agudo como crónico. Por eso se recomienda a personas con fibromialgia, porque el frío extremo disminuye la sensación de dolor.
Efecto antiinflamatorio: la aplicación de frío extremo sobre la piel provoca una disminución de la inflamación a través de vasoconstricción.
Efecto metabólico: este tratamiento fomenta una serie de reacciones para compensar el descenso de la temperatura en la capa más superficial de la piel. Así, activa el metabolismo y favorece la eliminación de grasas acumuladas.
Efecto relajante: el frío favorece la liberación de endorfinas como la serotonina, más conocida como hormona de la felicidad. Es por ello que, más allá de sus beneficios para la piel y las articulaciones, produce una gran sensación de bienestar.
Veamos los principales beneficios de la crioterapia, tanto a nivel fisiológico como deportivo.
Fortalece y mejora la función del sistema cardíaco ya que aumenta el volumen del corazón, aunque no la frecuencia cardíaca.
Favorece el mecanismo de la insulina en el organismo. Además, mejora la secreción de las enzimas pancreáticas.
Mejora de manera considerable el proceso digestivo y ayuda a la evacuación de las heces. Así, la crioterapia resulta de gran ayuda para trastornos como el estreñimiento.
Favorece la absorción de vitaminas del grupo B, las cuales son esenciales para el correcto funcionamiento del organismo.
Fomenta la eliminación de toxinas, mejorando así la salud tanto de tendones, músculos y articulaciones.
Ahora bien, quién no accede a la crioterapia (sumergirse en tachos a cero grado, previa preparación con técnicas de hiperventilación) tiene dos vías de acción simples y sencillas. Una es restringir voluntariamente la calefacción artificial, para volver a curtir los registros perceptivos. Entre lozas radiantes, aires y radiadores, parece un logro estar en casa en remera durante el invierno. Error. Así creamos una debilidad que luego nos pasa factura.
Por otro lado, recordemos una función básica del hígado: la termorregulación corporal. Si tenemos limpio y funcional a nuestro hígado, entre otros beneficios funcionales (no olvidemos las 600 funciones de este órgano) podremos regular en forma más eficiente la circulación periférica y el equilibrio térmico. Es el modo fisiológico de dejar atrás tanto las manos y pies fríos, como los sofocos menopaúsicos.
El archivo con más información sobre el hígado se puede descargar aquí.
El archivo con más información sobre la energía se puede descargar aquí.







