NIÑOS Y FAMILIAS EN BAJA
En la entrada anterior hablábamos de evidencias respecto a la calidad reproductiva. Pero luego apareció un estudio del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral, que mostró la abrupta caída de nacimientos en menos de una década; nada menos que un 40%. Y también muestra el incremento de hogares sin hijos y el incremento de hogares unipersonales (de un solo miembro). No es que tengamos las respuestas, pero al menos cuestionémonos y observemos las causas.
El citado estudio, basado en datos del Indec, indica que el promedio de hijos por mujer bajó a 1,4 a nivel nacional, con un mínimo alarmante de 0,9 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La tasa de recambio generacional debería ser 2,1 para garantizar el equilibrio de la sociedad. La población argentina solo aumentó el 15% en 12 años, entre 2010 y 2022.
En Latinoamérica la tasa promedio de natalidad es de 1,8 hijos por mujer, por debajo de Asia y el Pacífico (1,9) y Europa Oriental y Asia Central (2,1). Veamos cifras latinoamericanas: Haití: 2,7 – Bolivia: 2,5 – Paraguay: 2,4 – Honduras, Panamá, Guatemala: 2,3 – Nicaragua, República Dominicana: 2,2 – Venezuela, Perú: 2,1 – Ecuador: 2 – México, El Salvador: 1,8 – Colombia: 1,7 – Brasil: 1,6 – Chile, Costa Rica, Uruguay, Cuba: 1,5
El informe de la Universidad Austral reveló además que crecen las familias monoparentales y en el 57% de las viviendas no hay menores de 18 años. O sea que los hogares sin hijos son mayoría. Ese porcentaje era 44% en 1991, o sea que en el 56% de hogares había menores. Los hogares unipersonales subieron del 13 al 25%, o sea que se duplicaron. En cambio, los hogares familiares (pluripersonales) cayeron de un 87% a un 75%.
Pero volvamos a la disminución de la fertilidad, que obviamente tiene una multifactoriedad. El mismo estudio muestra algunas pautas:
– las condiciones económicas del país,
– la incertidumbre respecto al futuro,
– la migración de muchos jóvenes al exterior,
– la postergación de la maternidad en favor de la formación académica y el desarrollo profesional, cada vez más común entre las mujeres argentinas. La edad promedio para tener el primer hijo ahora está entre los 30 y los 34 años.
Muchos aspectos confluyen en la generación de estos guarismos:
– Deben trabajar los dos miembros de la pareja moderna.
– Deben pagar cuidadora o escolarización precoz (ej: la salita de 2).
– Atender la guía de un niño se ha convertido en motivo de estrés.
– Se imponen las modernas relaciones “light”: parejas de fin de semana.
– Lo que prima es la presión: la autoexigencia (ser el/la mejor, el/la mas lind@, el/la más exitos@), el estrés competitivo, la ansiedad, la intolerancia, los miedos, la victimización (tengo mala suerte).
Todo es esfuerzo, todo pesa, todo se soporta trabajosamente, todo se “aguanta”:
– Aguantar una pareja, cuando se trata de una relación de fusión de dos seres en todos los planos
– Aguantar un trabajo, cuando debe ser una relación con actividades en sintonía con el propósito de vida
– Aguantar un hijo, cuando debería ser un sagrado acto de servicio el hecho de guiar a un ser de luz para que se manifieste en el planeta
– Aguantar las dietas, restrictivas y monótonas, cuando se debería optar voluntariamente por una alimentación fisiológica, variada y sabrosa
– Aguantar la presión por el sexo “mecánico y obligatorio” que se ha convertido en una válvula de escape del estrés cotidiano, cuando debería ser la sagrada fusión de dos almas
Por todo esto llegamos a menos nacimientos y mas hogares unipersonales, o sea, menos familias. La sociedad se nutre de personas estresadas, que prefieren vivir “solos y solas”, con una mascotita que no contradice ni cuestiona. Las relaciones se establecen solo para obtener un poco de placer. Y por eso cada vez hay mas ancianos en geriátricos, porque quedan “sin tener a nadie en el mundo”. Es por eso que debemos recuperar la sacralidad de la vida, para que nuestras acciones dejen de ser esfuerzos titánicos y pasen a convertirse en una fluida relación con nuestro propósito de vida y entregar un acto de servicio a la comunidad.
Conformar familias es fortalecer el tejido social, es crear marcos de contención. Y esto es innegable y ultra necesario en este presente de individualismo, egoísmo, grietas, todos contra todos, sálvese quién pueda, consumo hedonista, placer fácil, adolescencias sin rumbo y sin esperanza. Lejos de desanimarnos, la realidad nos debe estimular a cambiar a tiempo, y como decimos siempre, a tomar mejores decisiones…
El hermoso testimonio sobre el nacimiento lotus de Trina, en Paraná (ER), siguiendo lo recomendado en Creando Futuro Consciente, durante todo un proceso sostenido fisiológicamente. se puede ver aquí.
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