¿NECESITAMOS PIRÁMIDES?
Mucho ruido se ha generado en los últimos días con anuncios rimbombantes en Estados Unidos sobre vacunas y alimentos. Luego de comunicar cambios en la obligatoriedad de algunas inmunizaciones, llegó la nueva pirámide alimentaria con recomendaciones nacionales para el próximo quinquenio. Si bien hay variaciones en las clásicas pautas, lo que debemos preguntarnos es si los hábitos y las adicciones se resuelven con pirámides. O invirtiéndolas.
Inicialmente EEUU anunció una transformación profunda en el calendario federal de vacunación de Estados Unidos, que redefinió las recomendaciones sobre inmunización infantil y trasladó parte de la decisión al acuerdo privado entre médicos y familias. “Tras una revisión exhaustiva de la evidencia, estamos alineando el calendario de vacunación infantil de Estados Unidos con el consenso internacional, al tiempo que fortalecemos la transparencia y el consentimiento informado. Esta decisión protege a los niños, respeta a las familias y reconstruye la confianza en la salud pública”, señaló el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., conocido por su ideología antivacunas.
Días más tarde, como parte de la campaña “eat real food” (come comida de verdad), el gobierno estadounidense actualizó las directrices dietéticas para priorizar proteínas, grasas saludables, frutas y verduras, y reducir el consumo de alimentos ultra procesados, que el mismo Kennedy ha señalado como una de las principales causas de enfermedades crónicas. En 2011, el Departamento de Agricultura de EE UU reemplazó la tradicional pirámide alimenticia por un plato dividido en porciones. Sin embargo, nuevamente se ha optado por retomar el formato piramidal, esta vez invertido, con una distribución equitativa de proteínas, grasas, frutas y verduras, y una pequeña sección inferior destinada a granos y cereales.
Si bien hay evidentes mejoras en ambos anuncios, esto está lejos de significar cambios conceptuales que impacten en la gente. Sin entrar en el tema inmunizaciones, donde el tema central pasa por potenciar la capacidad inmunológica del organismo, en lo alimentario la cuestión pasa por explicar y fundamentar razones de los cambios. Es bueno que se evite el consumo de azúcares sobre todo en niños, que se promueva mayor consumo de frutas y verduras, que se desaliente el consumo de alimentos procesados y que se hable de “alimentos reales”.
Sin embargo, se prioriza el consumo de proteína animal y se relativiza la recomendación del menor consumo de alcohol. Es obvio que esto responde a presiones y conflictos de intereses con la industria cárnica, láctea y del alcohol. Por ello no podemos pensar en que las recomendaciones de una pirámide invertida y algo confusa en proporciones, vaya a generar cambios significativos. Debemos apuntar a que la población reciba mejor información sobre los temas centrales, algo que nunca vendrá desde el poder político, influenciado por los intereses económicos en juego.
Sostenemos que hay temas claves sobre los cuales se debe educar. Un consumidor bien informado tomará mejores decisiones, ya que nadie conscientemente elige perjudicar su calidad de vida. Pero no se habla de los verdaderos problemas, como el generado por la ineficiente proteína animal, tanto en su impacto productivo y ambiental, como en sus efectos metabólicos y parasitarios. Nadie explica que nuestra fisiología demanda aminoácidos libres (abundantes en los vegetales) y de fácil aprovechamiento, en lugar de estructuras animales coaguladas y de ineficiente y tóxica asimilación. Desarmar estas estructuras animales genera alto gasto energético y gran ensuciamiento (subproductos ácidos, espesamiento sanguíneo, inflamación y desarrollo parasitario).
Tampoco se pone foco en los almidones de absorción rápida (desorden glucémico, inflamación), en los lácteos (estreñimiento, ensuciamiento, inflamación) y en los aceites industrializados (ultra procesados en sí mismos). Y obviamente no se advierte del consecuente efecto adictivo de estos alimentos de consumo cotidiano y masivo. Como hay mucha gente interesada en informarse con objetividad (evitando intereses, dogmas y antiguos paradigmas que no responden al condicionamiento moderno), dejamos abajo varios informes concretos y puntuales. La idea es que podamos tomar mejores decisiones…
El informe sobre Almidones se puede descargar aquí.
El informe sobre Proteínas se puede descargar aquí.
El informe sobre Lácteos se puede descargar aquí.
El informe sobre Grasas, azúcares y proteínas se puede descargar aquí.
El informe sobre Adicciones alimentarias se puede descargar aquí.







