¿QUE RESPIRAMOS?
Los tiempos modernos ponen de manifiesto grandes contradicciones, pero también promueven grandes cuestionamientos. Esto es lo que venimos haciendo en los últimos años, a través de libros, artículos, videos y evidencias con experiencias prácticas en el Espacio Depurativo. Ahora compartimos un maravilloso estudio recientemente publicado por Gerald Pollack, autor del trabajo sobre el cuarto estado del agua (agua EZ). Este estudio cuestiona otra de esas «verdades» de la biología, que no lo son. Nos han contado que cuando respiramos los pulmones ceden oxígeno a los glóbulos rojos (la hemoglobina) y esta lo transporta a los tejidos y se lleva el CO2 (ese que contribuye al calentamiento global).
El citado estudio (¿Es oxígeno o electrones lo que nuestro sistema respiratorio entrega?) explica de manera brillante que no se trataría de oxígeno lo que se transporta en la sangre, sino de electrones (carga eléctrica negativa), que están tanto dentro como fuera de la célula y muestra como se va perdiendo esa carga negativa que es tan importante para que la célula y los tejidos no mueran. Y el estudio refuerza el concepto de que somos seres eléctricos y necesitamos esa carga eléctrica negativa para que funcionen la sangre, los órganos y los tejidos.
Cito textual el resumen del estudio de Gerald Pollack, de la Universidad de Washington (Seattle, EEUU): La respiración implica la inspiración de gases atmosféricos. Se argumenta que no es el oxígeno gaseoso el que pasa de los alvéolos a los capilares, sino los electrones extraídos del oxígeno. Se cree que esos electrones se unen a la hemoglobina y luego pasan por la circulación directamente a los tejidos, donde apoyan el metabolismo. Se identifican los problemas que enfrenta el paradigma respiratorio estándar, mientras que se plantean varias observaciones que parecen consistentes con el papel directo de los electrones en el proceso respiratorio. Si se valida la hipótesis, entonces se habrá establecido un vínculo directo entre la respiración y el metabolismo.
Y el estudio brinda el ejemplo de los peces. Consideremos los peces de aguas profundas. El oxígeno no puede difundirse fácilmente desde la atmósfera a las profundidades en las que esos peces prosperan, a menudo varios kilómetros por debajo de la superficie del océano. A esas profundidades, la responsabilidad de proporcionar energía metabólica probablemente no recaería en el oxígeno. En cambio, los peces «respiran» el agua circundante.
Por lo tanto, se podría decir que los peces utilizan los electrones de la misma manera que se propone para los humanos y otros vertebrados. El oxígeno parece irrelevante para esos peces porque hay muy poco oxígeno presente en sus aguas. Efectivamente, los peces respiran electrones, no oxígeno.
Otra consideración tiene que ver con el papel de la hemoglobina. Si la unión del oxígeno necesita hemoglobina y la hemoglobina se elimina de la sangre, entonces cualquier supervivencia implicaría que el agente crítico no puede ser el oxígeno. Este concepto lo experimentó el conocido médico francés del siglo XIX René Quinton, que realizó una serie de experimentos audaces. Quinton infundió grandes cantidades de agua de mar isotónica, hasta el 104 % del peso corporal, directamente en la vena safena de los perros, reduciendo sustancialmente la concentración de hemoglobina. Los perros se recuperaron, a pesar de una disminución sustancial de la hemoglobina en sangre. Esto lo ratificó en una ulterior experiencia en la que primero extrajo prácticamente toda la sangre del animal y la reemplazó con agua de mar, que no requiere hemoglobina para almacenar y ceder electrones.
Ahora bien, ¿qué cambia en nuestra vida con toda esta información? Pues en que valoricemos todo aquello que aporte una carga negativa a nuestro cuerpo. Los electrones favorecen todos los procesos naturales y contribuyen a que tengamos un metabolismo sano y mantengamos la normalidad funcional. ¿Y cuál es nuestro proveedor de electrones más importante? Obviamente el sol y la radiación solar que “llueve” sobre el planeta y sostiene la vida.
De este modo comprenderemos mejor el rol nutricio de la luz solar. Nuestro sol viene perdiendo masa periódicamente, convertida en luz y calor, lo cual alimenta la Tierra y sus habitantes (fotosíntesis biológica). Ocho minutos después del desprendimiento del astro, la radiación solar impacta en nuestro planeta. La superficie de la Tierra está cargada eléctricamente. Las partículas cargadas que vienen del sol llegan a la Tierra y electrifican toda la superficie. La Tierra puede pasar electrones al cuerpo, lo cual genera una diferencia de potencial de un par de cientos de voltios. Antes de una tormenta eléctrica este flujo puede llegar hasta 10.000 voltios por metro.
Por tanto tenemos la poderosa herramienta de conectarnos con ese potencial inagotable y gratuito, cuando pisamos la tierra descalzos (algo que cada vez hacemos menos) y que aumenta su eficacia cuando los pies están húmedos con agua de mar (electrolitos) mejorando la cesión de electrones por parte de la tierra.
Según investigaciones, tenemos cerca de 8.000 terminaciones nerviosas por centímetro cuadrado de la planta del pie. Esta concentración es muy superior a otras áreas del cuerpo. Y la zona está dotada de glándulas sudoríparas que hacen más eficiente la captación de los electrones depositados por el sol sobre la superficie de la tierra. Por eso se puede hablar de cosecha de electrones. Esta capacidad nutricia la atrofiamos por el uso de calzados aislantes. Y no solo los electrones nos nutren energéticamente…
También reducen la inflamación crónica, una de las causas primarias de casi todas las enfermedades, desde la diabetes hasta el cáncer. Cuando pisamos la tierra, se transfieren los electrones libres de ésta hacia el interior de nuestros cuerpos. Estos electrones son probablemente los antioxidantes más potentes conocidos por el ser humano. Los electrones libres actúan como antiinflamatorios y sin efectos secundarios. El día que comenzamos a usar calzado sintético, nos aislamos de la energía de la Tierra y desde entonces los niveles de estrés han aumentado y la inmunidad ha disminuido.
Se ha observado que este contacto produce cambios benéficos en el ritmo cardíaco, aumenta la resistencia de la piel y disminuyen los niveles de inflamación. La inflamación que se produce cuando el cuerpo está luchando contra las bacterias, es en realidad causada por la falta de electrones en los tejidos.
La investigación muestra que si se colocan los pies sobre el suelo después de una lesión, los electrones de la tierra se extenderán por todo el cuerpo y neutralizarán eléctricamente a los radicales libres que se habían filtrado en el tejido sano. Lo mismo vale para cualquier actividad que afecte al sistema inmunológico. Se debería probar el contacto con la tierra después de una indigestión o tras regresar de un viaje aéreo cuando se sufe “jet lag” (cambio de husos horarios). También ayuda al asma, a las alergias y a otras inflamaciones crónicas. Con apenas unos minutos de contacto con la tierra es posible aliviar los síntomas.
Los electrones que penetran la planta de nuestros pies pueden desplazarse por cualquier parte de nuestro cuerpo. En cualquier lugar que se forma un radical libre, existen electrones libres cercanos que neutralizan esos radicales libres y previenen cualquier proceso de daño mitocondrial, conexiones cruzadas de proteínas o daños genéticos, que son algunas de las causas del envejecimiento.
Toda la materia es básicamente un sistema de defensa antioxidante que se encuentra en cada sección de nuestro cuerpo. Esta llamada ‘sustancia básica’ forma nuestro tejido conectivo (fascias, matriz extracelular) que cubre los tejidos, los órganos, los músculos, las células y todo nuestro cuerpo. Es una materia gelatinosa que guarda electrones. Así que si caminamos descalzos, absorberemos electrones que nuestro cuerpo almacenará y estarán disponibles en cualquier momento que los necesitemos.
La mejor fuente de descarga biológica proviene del mar, ya que el agua salada es un gran conductor. Para quienes no viven en el mar, después de la playa lo mejor es el pasto, sobre todo a la mañana cuando hay rocío. Materiales como el asfalto, madera, plástico o goma no permiten que los electrones pasen al cuerpo.
Volviendo al estudio citado, nos permite comprender cómo el terreno de nuestro cuerpo se alcaliniza, se desintoxica y mejora la salud, con los tratamientos oxigenantes, como el CDS, la ozonoterapia o el peróxido de hidrógeno. Sobre todo porque tejidos y células, toman electrones (carga negativa) y ceden carga positiva, lo cual los detoxifica y los regenera. Esto también explica la eficiencia del tratamiento con agua de mar que René Quinton investigó y demostró, como recurso para salvar vidas y sanar enfermedades.
Así que, tal como proponemos en el Proceso Depurativo, deberíamos incrementar la “cosecha” de electrones (y de oxígeno). Por tanto y en lo posible: caminar descalzos, tomar sol, respirar profunda y conscientemente en naturaleza, hacer actividad física intensa, reducir la exposición a dispositivos electrónicos y las actividades sedentarias, consumir alimentos frescos, vivos y fermentados, tomar agua de mar, clorofila y bebidas fermentadas, usar oxigenantes (peróxido de hidrógeno, dióxido de cloro, ozono)… y mantener depurados los órganos claves (intestino, hígado, riñones), los fluidos (sangre y linfa) y desparasitar.
Se puede acceder aquí al estudio original completo en inglés y en español.







