Afecciones celulares

INEVITABLES CONEXIONES

 

La tecnología comunicacional se implanta y crece tan rápido porque resulta cómoda y útil, pero muchas veces no somos capaces (o no queremos) visualizar sus verdaderos impactos a largo plazo. Si aceptamos la relación causal directa entre estos dispositivos y algunos tipos de patologías, ¿estaríamos dispuestos a prescindir de ellos o al menos a disminuir su exposición? o ¿asumiríamos el riesgo siempre que fuera lo suficientemente pequeño? ¿De verdad querríamos saber que existe dicho peligro? ¿Cambiaría nuestra forma de acercarnos a los nuevos avances tecnológicos? Veamos las implicancias físicas y vibracionales de nuestros dispositivos.

EFECTOS SOBRE LAS MANOS

Las manos son esenciales en la vida diaria, tanto en el trabajo físico como en el ocio digital y los deportes. Desde levantar objetos pesados hasta deslizar un dedo por la pantalla del celular, su uso constante las expone a diversas afecciones. Teniendo en cuenta que los teléfonos celulares generan adicción y ansiedad, es necesario que sepamos que actividades tan habituales como el uso excesivo de dispositivos móviles pueden provocar afecciones a la funcionalidad de las manos.

Las personas que usan de manera excesiva los celulares, por motivos laborales o personales, pueden ver afectada la salud de sus manos y padecer algunas de estas patologías de las manos:

Síndrome del túnel carpiano: es una condición en la que se genera una presión excesiva sobre el nervio mediano en la muñeca, el cual proporciona sensibilidad y movimiento a diversas partes de la mano. El síndrome del túnel carpiano puede causar dolor, entumecimiento, hormigueo, debilidad o incluso daño muscular en la mano y los dedos.

Tendinitis: es una inflamación de los tejidos fibrosos gruesos que conectan los músculos con los huesos, conocidos como tendones. Esta condición produce dolor y sensibilidad justo en el exterior de la articulación. Aunque la tendinitis puede presentarse en cualquier tendón, una de las zonas más comunes afectadas por esta enfermedad son las muñecas.

Síndrome del túnel radial: es una afección menos conocida que el síndrome del túnel carpiano, común entre los que trabajan en oficina, pero igualmente limitante. Mientras que el túnel carpiano afecta la palma de la mano y los dedos, el túnel radial se manifiesta en el dorso de la mano y presenta síntomas como entumecimiento y dificultad para abrir la mano.

Rizartrosis: es el desgaste de la articulación en la base del pulgar, una condición que afecta principalmente a personas mayores. Sin embargo, el uso repetitivo del pulgar en dispositivos móviles o videojuegos puede contribuir a su desarrollo con el tiempo.

¿Y LAS RADIACIONES?

Hay demasiada evidencia sobre los efectos negativos de las radiaciones electromagnéticas sobre nuestro organismo. Y también muchos campos de afectación que se están evaluando, o ni siquiera se han estudiado aún. Con lo sabido sobre microondas culinarias, ya tenemos bastante. Es sencillo prescindir del elemento destinado a la cocina, pero en cambio somos cada vez más dependientes de las microondas de comunicaciones, que resultan parte de nuestra vida laboral y social.

Estamos todo el tiempo radiados; ya no existenzonas blancas”, término con el cual se define a un área geográfica libre de estas frecuencias. Nos radian las compañías proveedoras de señal, los satélites que prácticamente están creando un “envoltorio” del planeta, los equipos que utilizamos en el hogar o en el trabajo (teléfonos, ordenadores, televisores inteligentes, juguetes electrónicos) y sobre todo los derivadores que activamos en casa para distribuir la señal en el hogar (wifi).

Es conocida la impactante experiencia realizada por estudiantes europeos, que cualquiera puede repetir en su hogar. Colocaron dos muestras similares de semillas a germinar, una al lado de un enrutador wifi y otra análoga muy distante. La muestra cercana a la señal del sistema de conexión inalámbrico no germinó, mientras que la otra muestra se desarrolló normalmente. Imagínenos el efecto equivalente sobre nuestras neuronas, nuestro sistema nervioso, nuestras células y nuestros órganos.

Hay una cantidad considerable de evidencias que demuestran, más allá de toda duda razonable, que la radiación de microondas de los teléfonos móviles y redes inalámbricas puede causar un aumento significativo del riesgo de sufrir tumores cerebrales. Además, hay cada vez más pruebas que indican que estas radiaciones provocan una alteración de la función cerebral, daño a los genes y otras alteraciones. La OMS tomó la decisión de incluir los campos electromagnéticos en el grupo de sustancias que podrían ser una causa posible de contraer cáncer.

Los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEMRF) han demostrado ser perjudiciales para los seres humanos y el medio ambiente. Mientras se estudias las implicancias de las redes 2G, 3G, 4G y wifi, ya aparecen en el planeta las redes 5G, que aumentarán notablemente la exposición a los campos electro magnéticos, respecto de los ya existentes. La tecnología de las redes 5G es efectiva sólo a corta distancia. Se transmite mal a través de material sólido. Se requerirán muchas antenas nuevas y la implementación a gran escala resultará en antenas cada 10 a 12 casas en áreas urbanas, aumentando así la exposición obligatoria.

Con el uso cada vez más extenso de tecnologías inalámbricas, nadie puede evitar exponerse. Diariamente se añade un número creciente de transmisores para redes (dentro de  viviendas, comercios y hospitales), estimándose de 10 a 20 mil millones de conexiones (refrigeradores, lavadoras, cámaras de vigilancia, automóviles y autobuses). Es algo que ya forma parte de nuestras vidas. Por tanto iremos provocando un aumento sustancial de la exposición total a largo plazo.

Obviamente que la controversia está servida, ya que los intereses dificultan la investigación de sus efectos a través de una ciencia independiente y libre de influencias. Pero numerosas publicaciones científicas recientes han demostrado que los CEMRF afectan a los organismos vivos, aun a niveles muy inferiores a las directrices internacionales y nacionales.

Los efectos incluyen aumento del riesgo de cáncer, estrés celular, aumento de los radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficit de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos e impactos negativos en el bienestar general de los seres humanos. Los daños van mucho más allá de la raza humana, ya que hay evidencia creciente de efectos nocivos tanto para los animales como para las plantas.

Esto que decimos no apunta a huir de la tecnología, pero al menos debemos tomar consciencia y limitar los efectos. Gran parte de la radiación, como vemos, es inevitable: satélites, empresas de comunicación, antenas urbanas, vecinos que nos radian desde sus hogares, dispositivos que solo funcionan inalámbricamente… Al menos deberíamos disminuir el impacto sobre nuestra biología, por un lado, manteniendo un estado depurativo del cuerpo y por otro, limitando las radiaciones hogareñas todo lo posible.

Por ejemplo, conectar a Internet por cable de red (ethernet), anulando así el wifi de nuestro enrutador (modem derivador). O desconectando todos los dispositivos durante las horas de descanso. O evitando poner el celular cerca de nuestros órganos sensibles (cerebro, corazón, genitales), prefiriendo el modo viva voz. O prescindiendo en lo posible del uso de protocolos bluetooth, tan “práctico” para emparejar dispositivos y por ejemplo escuchar música desde un celular al equipo de sonido de nuestro automóvil; siendo que estamos dentro de una jaula de Faraday, que rebota la radiación e intensifica el impacto sobre nuestro organismo.

¿SOLO AFECTAN AL ADULTO?

Nuestros dispositivos móviles no solo generan efecto en nuestra salud, sino también en nuestro comportamiento. Y si los adultos somos sensibles, imaginemos los efectos sobre nuestros niños, que aún no completan el desarrollo de sus mecanismos de protección. Debemos resguardarlos de un entorno social que apunta a la híper estimulación de los sentidos. El bombardeo es evidente y no escapa a ningún ser consciente. Invitamos a investigar en tantas publicaciones críticas al respecto, con fundamentos técnicos inobjetables[1].

El niño necesita experimentar tiempos y espacios donde desarrollar su curiosidad para ir descubriendo la vida que se despliega frente suyo. No por caso, los gurúes de Silicón Valley, creadores de las nuevas herramientas sociales, envían a sus hijos a escuelas con «cero tecnología«, conscientes del daño que sus «creaciones» generan.

Por primera vez en la historia, los jóvenes de hoy tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres. Varios estudios han demostrado que cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual disminuye. Así lo sostiene el neurocientífico Michel Desmurget, director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia. El uso de tecnología -smartphones, ordenadores, tabletas- por parte de las nuevas generaciones es absolutamente desproporcionado. Con solo 2 años de edad, el consumo medio se sitúa en torno a las tres horas. De 8 a 12 años, la media se acerca a las 5 horas. En la adolescencia, la cifra se dispara casi a 7 horas, lo que supone más de 2400 horas al año, en épocas de pleno desarrollo intelectual.

En contra de lo que la prensa y la industria han difundido hasta ahora, el uso de la tecnología, lejos de ayudar al desarrollo de los niños y estudiantes, produce graves complicaciones de toda índole: sobre el cuerpo (obesidad, problemas cardiovasculares, reducción de la esperanza de vida), sobre las emociones (agresividad, depresión, comportamientos de riesgo) y sobre el desarrollo intelectual (empobrecimiento del lenguaje, concentración, memoria).

Las consecuencias también están claramente identificadas: disminución en la calidad y cantidad de interacciones intrafamiliares, que son fundamentales para el desarrollo del lenguaje y el desarrollo emocional; disminución del tiempo dedicado a otras actividades más enriquecedoras como música, arte, lectura, juegos de mesa; interrupción del sueño, que se acorta cuantitativamente y se degrada cualitativamente; sobre estimulación de la atención, lo que provoca trastornos de concentración, aprendizaje e impulsividad; sub estimulación intelectual, que impide que el cerebro despliegue todo su potencial; y un estilo de vida sedentario excesivo que, además del desarrollo corporal, influye en la maduración cerebral.

Los niños necesitan tiempo lúdico y sobre todo tiempo para descubrir que la naturaleza no se maneja con la inmediatez de una pantalla táctil. Pero como todo es multifactorial, en la masificación de la pantallas táctiles se unen varios temas: la industria que promociona y facilita el acceso, los padres que no quieren ser menos que otros y creen que «penalizan» al niño si no se la brindan, y también la búsqueda sencilla de entretenimiento para un infante, que naturalmente reclamará tiempo y atención de sus progenitores.

Y es que los padres modernos tienen dinero pero no tienen tiempo para compartir con sus hijos. Venimos de épocas no tan lejanas, donde incluso los oficios se transferían compartiendo todo el tiempo. Nadie plantea volver hacia atrás, pero al menos invitamos a tomar consciencia de donde estamos yendo y comprender nuestras capacidades adaptativas frente al cambio tan acelerado.

[1] La fábrica de cretinos digitales, los peligros de las pantallas para nuestros hijos, Michel Desmurget, Península – Guía para sobrevivir al presente, Atrapados en la era digital, Santiago Bilinkis, Sudamericana

 El texto completo sobre CELULARES para compartir está disponible aquí.

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