Paradigma del contagio

DENGUE Y MOSQUITOS

 

En varias oportunidades nos hemos referido al ya mitológico tema del contagio. Pero cada vez que asoma una nueva pandemia, ahora es el dengue, recrudecen los miedos y las falsas precauciones. Por un lado, las autoridades, para mostrar su presencia, activan las fumigaciones indiscriminadas en los espacios abiertos, lo cual genera resistencia del mosquito a los insecticidas. Por otro lado, la gente hace uso de repelentes, que además de promover resistencia en los mosquitos, generan toxicidad en la sangre de la persona. En tercer lugar aparecen las infaltables vacunas. Y ahora también los mosquitos “transgénicos”. Pero nadie se ocupa de la causa profunda. ¿Por qué nos pican los mosquitos? ¿Por qué activamos los efectos del virus transmitido por el mosquito? ¿La solución es eliminar a los mosquitos del planeta? ¿No será mejor dedicarnos a cultivar hábitos saludables?

Los mosquitos son, han sido y serán, vectores de transmisión viral: desde malaria, dengue, zika, chikungunya hasta fiebre amarilla. Sólo las hembras del 6% de las especies chupan sangre de los humanos para el desarrollo de sus huevos. Y de estas, solo la mitad pueden transmitir enfermedades a los humanos. Específicamente el Aedes aegypti está sindicado por transmitir el virus del dengue, cuyos síntomas van desde un estado gripal hasta la fiebre hemorrágica que puede ser mortal. Según datos del Ministerio de Salud, durante los primeros tres meses del año se registraron alrededor de 270.000 casos, de los cuales 197 personas (7 cada 1.000) fallecieron.

El problema de los insecticidas

Obviamente se lanzan campañas de descacharreo (o sea, eliminar depósitos de agua estancada donde puede multiplicarse el insecto), pero también fumigaciones con insecticidas y recomendaciones para usar repelentes. Estas últimas dos acciones, generan un natural aumento de resistencia por parte de los mosquitos. Esto fue probado por varios estudios, el último publicado por la Universidad de La Plata. Los científicos encontraron mutaciones en los insectos, que le confieren capacidad de sobrevivir al tóxico utilizado (piretroides: permetrina y cipermetrina). Esto explica por qué las ultimas fumigaciones no han brindado resultados efectivos. “Comprobamos que cuando el uso de insecticidas aumenta en una situación de brote de dengue, también hay más mutaciones halladas” dicen en el estudio publicado.

A nivel de insecticidas, los piretroides sintéticos se clasifican como neurotóxicos. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) también los ha considerado cancerígenos, capaces de causar tumores de pulmón, tumores hepáticos, problemas del sistema inmunológico, y anormalidades cromosómicas. Los piretroides también han sido vinculados recientemente a problemas de conducta en los niños. La permetrina es muy tóxica para el medio ambiente, particularmente para las abejas y la vida acuática

A nivel de repelentes, el DEET (N, N-dietil-meta-toluamida) es el ingrediente más habitual, en concentraciones variables. Los niños particularmente están en riesgo a cambios neurológicos sutiles debido a que su piel absorbe más fácilmente los productos químicos en el medio ambiente, y los productos químicos ejercen efectos más potentes sobre su sistema nervioso en desarrollo. En base a los 30 años de estudios clínicos, la exposición al DEET puede potencialmente causar los siguientes efectos adversos para la salud: pérdida de la memoria, dolores de cabeza, debilidad muscular, dolor muscular y de las articulaciones, función de las células del cerebro dañadas, neurotoxicidad, temblores, convulsiones, irritación de la piel, urticaria y ampollas, náuseas y vómitos, hipotensión, bradicardia, dificultad para respirar, dolor, irritación y ojos llorosos.

¿Por qué y para qué pican los mosquitos?

Los mosquitos son atraídos por una serie de compuestos químicos que puedan detectar a unos 50 metros de distancia. Los machos no están interesados ​​en nuestra sangre, pero las hembras sí, pues necesitan hierro y proteínas para producir sus huevos. Por estudios científicos, sabemos que los mosquitos son atraídos por compuestos químicos, por actividad bacteriana y por el calor corporal. Como siempre, todo es multifactorial.

Compuestos químicos: Cuando nos están olfateando, los mosquitos huelen una amplia variedad de productos químicos. En un estudio realizado en el 2000, 277 fueron aislados como potenciales atrayentes de mosquitos en los olores de la mano humana. Algunos de sus favoritos son: ácido láctico, amoniaco, ácido úrico, ácido carboxílico, y octenol (presente en la respiración humana y el sudor). La actividad física genera ácido láctico y al emitirlo en el sudor, atrae a los mosquitos.

Los mosquitos son especialmente atraídos por el dióxido de carbono. Cuanto más emitimos, más atractivos somos. Las personas con más peso emiten naturalmente más CO2 que las personas delgadas, lo cual es una de las razones por la que los adultos son un mejor objetivo que los niños.

Un estudio japonés determinó que el aumento de etanol en el sudor de los participantes tras beber cerveza hacía que los mosquitos se acercaran más de lo que lo hicieron en las pruebas previas al consumo de alcohol.

Un reciente estudio de la Universidad de Yale exploró 46 compuestos diferentes, entre ellos azúcares, sales y sustancias amargas, para observar las respuestas de las neuronas en el órgano del gusto del mosquito. Los resultados de esta investigación revelaron que algunos de estos, como los azúcares, activan de manera notable las neuronas, mientras que otros, como ciertas sustancias amargas, inhiben su actividad.

Bacterias: Un trillón de microbios viven en nuestra piel y crean su olor corporal. Los seres humanos sólo tenemos alrededor del 10 por ciento de estas bacterias en común; el resto varían entre distintos individuos. Algunos de nosotros tenemos una colección de microbios que son particularmente irresistibles a los mosquitos.

Antes se creía que los mosquitos se sentían atraídos por el sudor humano, pero la ciencia ha precisado mejor este concepto. Se sabe ahora que se sienten atraídos por los cambios químicos producidos por las bacterias en el sudor. En una persona normal, el sudor es inodoro hasta que las bacterias actúan sobre él. Los mosquitos no se sienten atraídos por el sudor fresco, pero sí por el “sudor fermentado”. Estas bacterias se encargan de convertir compuestos no volátiles, en volátiles y olorosos. Es decir, sin la existencia de estos microorganismos, no se produciría el olor que emite cada individuo y que opera como atractivo. Pero también se ha comprobado que a más variedad de bacterias, a más diversidad, menos atractiva es una persona para los mosquitos.

Movimiento y calor: Los mosquitos son atraídos por el movimiento y el calor. Estos insectos localizan olores, tienen detectores térmicos para reconocer sustancias volátiles y además perciben la temperatura. Una persona que tiene mayor temperatura corporal, transpira más, jadea más y va a ser más picada que alguien con temperatura corporal más baja, o alguien que recién se bañó y tiene el cuerpo más fresco. Así que haciendo ejercicio al aire libre en una noche de verano, nos convertimos en objetivos de los insectos, sobre todo cuando nos agitamos. También por eso las mujeres embarazadas, por mayor emisión de CO2 y mayor temperatura corporal, son más atractivas para el mosquito.

Recomendaciones de sentido común

Obviamente eliminar depósitos de agua estancada, que promueven su multiplicación. Y ante la presencia de mosquitos, evitar exponerse cuando están más activos: amanecer y atardecer. Pero de lo visto anteriormente, resulta clave evitar el consumo de alcohol y de dulces, depurar el organismo, mantener el cuerpo fresco, evitar el uso de cosméticos que inhiben la diversidad del microbioma dérmico. Pero, como decíamos al comienzo, nadie se ocupa de recomendar la depuración corporal y los hábitos de higiene interna. También es recomendable usar ropa clara y holgada. Se sabe que los mosquitos usan la visión (junto con el aroma) para localizar a los humanos, por lo cual conviene evitar colores que resalten (negro, rojo, azul oscuro).

Cultivar caléndulas en nuestro patio, pues su fragancia repele a los mosquitos. Hacer uso de ajo, canela, citronela, hierba de limón (o lemon grass), menta, vainilla. Hay quienes usan vitamina B1 o tiamina, cuyo exceso se excreta a través de orina, piel y sudor; en estudios esto se ha demostrado como revulsivo para las hembras de mosquito.

Para generar un repelente natural, casero y carente de toxicidad, se puede combinar 500 cc de alcohol puro de farmacia, 100 ml de aceite comestible y unos 30 clavos de olor. Se echa agua hirviendo sobre los clavos (apenas lo necesario para cubrirlos) y se deja macerar algunas horas. Luego se cuela y se combina la infusión con el alcohol y el aceite, agitando bien para que se emulsione la mezcla de los tres líquidos. Se aplica regularmente sobre la piel.

¿Por qué la picadura nos enferma?

Ya nos hemos referido al contagio en varias entradas (Noticieros 7, 14 y 37). Nuestra visión fisiológica del ecosistema corporal, descarta el concepto de “enfermedad”. El cuerpo no “enferma” sino que activa sabios mecanismos de adaptación y sobrevivencia, cuyos síntomas llevan a diagnósticos de “enfermedad”. Por tanto, tampoco consideramos que haya personas “enfermas” sino que hablamos de personas con ensuciamiento y toxicidad crónica. Del mismo modo, no concebimos el término “contagio”. Es el ecosistema de cada persona el que genera condiciones desarrollistas (o no) de patógenos. Es evidente que todos estamos en contacto con patógenos y no todos los desarrollamos.

La aceptación del concepto de contagio está supeditado a la aceptación de la teoría de los gérmenes como causantes de la enfermedad; o sea, que bacterias específicas producen síntomas específicos. La falacia de esta teoría ha sido demostrada en numerosas ocasiones, e incluso fue admitida por Pasteur, al principio su más acérrimo defensor. Pero la ironía final es la perpetuación de un sistema médico basado en esta teoría errónea.

Un cuerpo sano no tiene necesidad de un proceso de crisis depurativa. El estado del cuerpo es muy importante en la manifestación de sintomatologías. Se ha demostrado que la teoría del germen sobre la enfermedad es errónea. La presencia de ciertos gérmenes no es prueba de que sean la causa de una enfermedad.

Los gérmenes no son específicos e intercambiables en su estructura biológica y características químicas. Las bacterias específicas no producen síntomas específicos; es el entorno (el huésped) el que determina el tipo de bacterias que proliferan. Las enfermedades no son entidades que viajan de una persona a otra. El temor de una «infección» de un corte o herida, aunque extendido, está basado en información errónea. La limpieza es todo lo que es necesario o aconsejable.

El temor a las bacterias agresivas y malignas (bacteriofobia) no tiene ninguna base. La práctica actual de matar gérmenes (dentro y fuera del cuerpo) con medicamentos tóxicos, es la causa de una degeneración cada vez mayor y de las enfermedades iatrogénicas. Los medicamentos desvitalizadores sirven para entorpecer los procesos de limpieza y reparación.

La mal llamada enfermedad es un proceso que implica cambios dentro del cuerpo, produciendo ciertos signos y síntomas que, según su carácter y localización, les vale la etiqueta de una patología determinada. La mayoría de las etiquetas patológicas que son atribuidas a las llamadas enfermedades, son superfluas y confusas. Y los diagnósticos que se ofrecen son inexactos y relativamente sin sentido. El proceso real de las patologías (fiebre, inflamación, dermatosis, quistes) es la acción iniciada por el cuerpo para hacer frente a un ambiente tóxico. A esto le sigue la secuela, o sea el resultado del daño que se infringe al cuerpo por esa causa.

La enfermedad, así como el trabajo realizado por nuestros depredadores simbióticos (los microorganismos), son desagradables y agotadores, pero son necesarios para el mantenimiento de la vida. Una vez que la limpieza ha finalizado, el organismo recobra las fuerzas y la normalidad.

¿Habrá que eliminar a los mosquitos?

Ya nos hemos referido a los mosquitos transgénicos, en el Noticiero 25. Colombia, entre otros muchos países, se está beneficiando de una de las organizaciones financiadas por la Fundación Bill and Melinda Gates, que pretende intervenir de manera radical en la manera que se combaten muchas de las enfermedades generadas por mosquitos. Han usado una bacteria modificada genéticamente en los mosquitos para evitar que éstos transmitan enfermedades con su picadura.

En Reino Unido, científicos de la universidad de Oxford y la firma de biotecnología Oxitec han modificado genéticamente los machos Aedes aegypti, el mosquito portador tanto del virus zika como de la enfermedad del dengue. Estos machos genéticamente modificados llevan un gen que evita que sus crías se desarrollen adecuadamente, lo que hace que la segunda generación de mosquitos muera antes de reproducirse y se conviertan en portadores.

Unos tres millones de estos mosquitos modificados fueron liberados en un sitio de las islas Cayman entre 2009 y 2010. Oxitec informó que se registró una disminución del 96% de los mosquitos, comparado con la población de estos insectos en zonas aledañas. Una prueba similar en Brasil ha reducido el número de estos insectos en un 92%.

Esta semana, el Gobierno de Mendoza implementó la liberación de aproximadamente 10 mil mosquitos estériles rojos que impedirían la proliferación del Aedes aegypti en el marco de un plan de control biológico. A modo de prueba, el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (ISCAMEN) liberó a esta especie en el barrio Bermejo de la localidad de Guaymallén y su desarrollo será monitorizado por el Ministerio de Salud y por la Municipalidad.

Según el plan de control biológico, el objetivo es que los machos estériles, creados en laboratorio, copulen con las hembras, las cuales suelen copular solo una vez en su vida, y así se produzca una reducción de la fertilidad de la población a partir de una interrupción del ciclo biológico natural. Si el plan funciona, disminuiría la cantidad de mosquitos y evitaría que quede descendencia que continúe aumentando los contagios.

Pero hay efectos colaterales. Según Phil Lounibos, un entomólogo de la universidad de Florida, la erradicación de mosquitos está cargada de efectos secundarios indeseables. Lounibos señala que los mosquitos, cuya mayoría se alimenta del néctar de las plantas, son importantes polinizadores, además de una importante fuente de comida para las aves y los murciélagos, mientras que las larvas son alimento de peces y sapos. Así que erradicar estos insectos puede tener un efecto en la parte más baja de la cadena alimenticia.

Hay, sin embargo, expertos que aseguran que el papel de las especies de mosquitos como alimento y polinizador sería rápidamente asumido por otros insectos. Pero, el hecho de que este nicho sea llenado por otros insectos también es un problema. Los mosquitos podrían ser remplazados por un insecto «igual o más indeseable, desde el punto de vista de la salud pública». Así, su remplazo podría propagar todavía más enfermedades y con más rapidez que los mosquitos de hoy.

El texto completo en pdf está disponible aquí.

El DOSSIER SOBRE INMUNOLOGÍA está disponible aquí.

El texto sobre CONTAGIO Y EPIDEMIAS está disponible aquí.

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2 comentarios en “Paradigma del contagio”

  1. Hola que tal, mi nombre es Mariana y quería saber cuándo se hará un retiro nivel 1. Nunca hice ningún retiro y quiero empezar por el nivel mas bajo. También quisiera saber la duración de los mismos, y el lugar donde se hacen, para poder organizarme con mi trabajo.
    Muchas gracias

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