GENÉTICA NOBELÍSTICA
Nos ponemos nobelísticos, pero no con V corta de novela, sino con B larga de Nobel. Porque el premio de la academia sueca, trae cola… Continuamos con los cambios de paradigma, tan necesarios y urgentes. Hablamos de alimentos, de represión de síntomas… pero hay otro paradigma que la misma realidad nos corrobora: el determinismo genético. Casi todo se suele justificar desde este lugar, sea diabetes, cáncer, colesterol, síndrome de Down, hipertensión, cardiopatías, etc. Pero esta semana se conoció el nuevo premio Nobel de medicina, que abre ventanas para romper con las creencias instaladas en la ortodoxia científica. Esperemos que sirva…
Hace mas de treinta años, Bruce Lipton y la epigenética confirmaron que no son los genes los que toman decisiones y que no operan en forma determinista; nos referimos al trillado factor genético, al que se aferra la ortodoxia. Los genes responden y se adecuan al ambiente. El «cerebro» celular no está en el interior de la célula, sino que es la membrana la que capta la data del entorno; en función a ello posteriormente responde y se expresa mediante la codificación proteica de nuestro ADN.
Esto es algo que vemos a diario, cuando la persona realiza un cambio profundo de hábitos, girando hacia lo fisiológico y simbiótico. El organismo percibe el cambio y comienza a operar en forma diferente. Y en pocas semanas las transformaciones son más que evidentes. No es posible cambiar la información genética de células y bacterias, por lo cual el cambio en la expresión física solo puede atribuirse al cambio ambiental. Uno opera y modifica el ambiente; y el mismo ADN, el mismo código genético, expresará algo completamente diferente.
La ortodoxia científica no se hizo debido eco de la epigenética. La formación universitaria sigue impartiendo el concepto del determinismo genético. Pero ahora, el flamante Nobel de medicina abre la ventana para romper ese paradigma dominante. El Premio Nobel de Medicina de este año fue concedido a dos investigadores estadounidenses por su hallazgo del microARN, un nuevo tipo de molécula ARN minúscula que tiene un papel crucial en la regulación de la actividad de los genes.
El revolucionario descubrimiento reveló un principio completamente desconocido de regulación génica, pero que resultó ser esencial para la evolución de los organismos pluricelulares, incluido los humanos. Ahora se sabe que el genoma humano codifica más de mil micro-ARN, mecanismo regulador vital utilizado en las células para controlar la actividad de los genes. Por años se creían resueltos los principios fundamentales de la regulación génica. Sin embargo, los actuales galardonados compartieron hallazgos inesperados, describiendo un nuevo nivel de regulación génica.
El microARN es una molécula de ARN muy corta, que, a diferencia de otros ARN conocidos, no codifica proteínas. En lugar de eso, su función principal es unirse a secuencias específicas del ARN mensajero (ARNm) en las células, bloqueando su capacidad de producir proteínas. Este mecanismo permite a las células controlar con precisión qué genes se activan y en qué momento, lo que es fundamental para mantener el equilibrio en diversas funciones celulares.
La identificación del microARN mostró que existió siempre un nivel adicional de control genético, con profundas implicaciones para la biología. La regulación génica por microARN lleva funcionando durante cientos de millones de años. Es un mecanismo que permitió la evolución de organismos cada vez más complejos. Ahora se comprende que las células y los tejidos no se desarrollan normalmente sin microARN.
¿Servirá esto para romper con el paradigma dominante de la genética determinista? Porque ya tuvimos premios Nobel que no fueron tenidos en cuenta por la comunidad científica. O sea que el reconocimiento de este prestigioso galardón, no asegura reconocimiento de la ciencia oficial.
Como lo que ocurrió con Otto Warburg en 1931, quién en 1923 publicó el primer artículo que describía lo que se conocería como el efecto Warburg. Este fisiólogo alemán descubrió que la mayoría de los tejidos tumorales producían una gran cantidad de lactato que se reducía, pero no se eliminaba en presencia de oxígeno; mientras que la mayoría de los tejidos normales producían una cantidad mucho menor de lactato que se eliminaba con el aporte de oxígeno. Warburg investigó los efectos del oxígeno sobre las células. Y logró transformar células sanas en cancerosas con solo reducir la cantidad de oxígeno que recibían las mismas. Estos hallazgos estaban claramente muy adelantados a su tiempo, porque pasaron otros 80 años antes de que tuvieran un impacto importante, e incluso hoy en día los mecanismos subyacentes al efecto Warburg no se comprenden por completo. O no se quieren comprender…
Más recientemente ocurrió algo similar con el Nobel de 2019 otorgado por el descubrimiento del factor HIF (factor inducible por hipoxia) que explicaba el efecto impulsor de la mutación celular frente a la detección de la ausencia de oxígeno por parte de la membrana de la célula. El premio Nobel de Fisiología y Medicina 2019 se basó en la comprensión de la forma en que las células modifican su expresión génica ante concentraciones bajas de oxígeno (hipoxia), algo que permanecía desconocido para Warburg en su época.
Estos científicos fueron premiados por el descubrimiento del artilugio sensor a través del cual las células detectan la cantidad de oxígeno disponible para adaptar su metabolismo. Entendieron el mecanismo a través del cual funciona el metabolismo aerobio (el que es capaz de extraer energía del oxígeno). Y descubrieron el factor HIF (factor inducible por hipoxia), que monitorea la cantidad de oxígeno en las células. Luego hallaron la molécula sensora que detecta las concentraciones de oxígeno, y que modifica la expresión del HIF. Este factor se activa en la célula cuando en el ambiente hay escasez de oxígeno, modificando su comportamiento. También comprobaron que cuando hay oxígeno disponible, el HIF no se activa.







