NECESITAMOS DESAFÍOS
Antes hablamos de nuestra relación con el frío y la climatización artificial. Ahora me refiero al libro La trampa del confort de Michael Easter, cuyo subtítulo es “Por qué una vida sin comodidades puede sanarnos física y emocionalmente”. El libro habla de la importancia de tomar desafíos que permitan manifestar nuestro verdadero potencial. Habla de la necesidad de conectarnos con el silencio, con el aburrimiento, con estar en naturaleza, con la ausencia de pantallas, con el esfuerzo físico… con la muerte, o simplemente pasar hambre, experimentando algo que nos resulta totalmente desconocido.
Veamos algunos conceptos del libro. Hay una base científica para los modernos problemas del primer mundo. El fenómeno concierne directamente a nuestra relación con el confort. Llamémosla «expansión del confort». Cuando se introduce una nueva comodidad en nuestra vida nos adaptamos a ella. Y las que había antes se convierten en inaceptables. Ejemplo: pasamos de trepar a escaleras y luego a los ascensores y las escaleras mecánicas. El confort de hoy es el malestar del mañana. Eso catapulta el sentido de la comodidad a otro nivel.
La cuestión es que, cuando experimentamos menos problemas, no nos contentamos. Simplemente rebajamos la escala de lo que consideramos un problema. Al final tenemos más problemas, pero que son cada vez más banales. Inconscientemente la gente encuentra trabas en cualquier situación, por mucho que la vida nos sonría. O sea, pasamos de no saber si mañana sobrevivíamos a los depredadores en la sabana, al estrés de llegar 5 minutos tarde a la clase de yoga o que el delivery se atrase 10 minutos con el pedido de comida.
Esto se agrava porque cada vez nos apelotonamos más en las ciudades. Cuando se firmó la Declaración de Independencia de EU (1776), solo el 5 por ciento eran citadinos. En 1876, esa cifra seguía siendo de solo el 25 por ciento. Pero hace unos cien años empezamos a migrar a las metrópolis. Hoy, un 84 por ciento de los norteamericanos viven en ciudades, y la cifra no deja de aumentar. Según consultoras, solo un 12 por ciento de las personas quieren realmente vivir en la ciudad. Y eso que la encuesta se hizo antes de la pandemia. Parece que muchos ya aborrecían las urbes cuando empezamos a vivir en ellas, hará unos 6.000 años.
Actualmente puedes mudarte a un piso de una gran ciudad y quedarte allí para siempre. Literalmente puedes estar años sin volver a cruzar la puerta de entrada. Solo necesitas una conexión decente a internet para trabajar a distancia, pedir comida a domicilio y contactar con médicos virtualmente. Es una realidad que ya existe. El gobierno japonés afirma que hay medio millón de jóvenes que se niegan a salir de su habitación. Se los llama hiki komori.
En cambio, la antigua tradición japonesa proponía el llamado misogi, ritual que llevaba a los discípulos de aikido a sumergirse en depósitos naturales de agua fría. Las cascadas, los torrentes o el océano les lavaban las deshonras y los volvían a conectar con el universo. Más recientemente, la idea del misogi se ha vinculado a otros desafíos épicos en plena naturaleza. Los misogis contemporáneos reinician la mente, el cuerpo y el espíritu por la fuerza. Ayudan a la gente a superar sus límites y aportan la confianza, capacidad y concentración.
Nuestra especie evolucionó durante cientos de miles de años superando desafíos. Para sobrevivir, siempre fue esencial superar retos. Y lo hicimos sin redes de seguridad. Esos retos podían ser cazar, encontrar recursos para la tribu, migrar del territorio, etc. Cada vez que afrontábamos uno de esos retos, aprendíamos cuál era nuestro verdadero potencial. Pero, de repente, en la sociedad moderna se puede sobrevivir sin desafíos. Tienes comida en abundancia, una casa confortable, un buen trabajo al que ir y personas que te quieren. Y parece que es una vida correcta, en la zona de confort. La mayoría vivimos en este pequeño espacio. No tenemos ni idea de lo que hay en las adyacencias de nuestro potencial. Y como no tenemos ni idea de lo que hay más allá, nos perdemos algo vital.
Las personas tienen un potencial innato que se activa cuando salen y hacen cosas extremas. Cuando exploran y desafían los límites de su zona de confort. Se busca hacer una tarea ardua que imite los desafíos que los humanos solían afrontar en todo momento. Esos desafíos que el entorno nos planteaba de forma natural y de los que hoy estamos tan desconectados. Y luego, cuando volvemos a nuestra vida diaria, somos mejores. Tenemos los recursos adecuados para el trabajo. Esa práctica dispara la salud y el potencial físico, mental y espiritual. Permite conectar con el flujo creativo.
Los ritos de pasaje de los jóvenes eran habituales en muchas tribus indígenas. Penetraban en las montañas o el desierto sin armas ni comida y pasaban una semana a solas. Ayunaban y apenas bebían agua, estaban a merced de los elementos y no tenían cobijo ni hoguera. Esas cruzadas servían para fortalecer la mente, el cuerpo y el espíritu,
Los hombres jóvenes masáis (tribu africana) tenían que adentrarse solos en la sabana y cazar un león macho. Y no podían usar rifle ni arco. Lo hacían con lanza. Esas cacerías solitarias requerían una preparación inimaginable. Se necesitaba fuerza, resistencia, impavidez y una habilidad para cazar, de la que literalmente dependería la vida de esos jóvenes. Y no sorprendían al león mientras dormía, sino que lo perseguían haciendo sonar unas campanas para obligar al felino a enfrentarse cara a cara con los escuálidos cazadores. Si el masái lo lograba, completaba el desafío físico y mental definitivo y se convertía oficialmente en guerrero. Y si fracasaba, se convertía oficialmente en la cena de una manada de leones.
Hay tres elementos clave en todos esos procesos, tanto si hablamos de adentrarnos en el desierto australiano, como de cazar un león en Kenia, de alucinar en colores en la meseta del Columbia o incluso de realizar un misogi. La primera es la separación. La persona sale de la sociedad en la que vive y se aventura en la naturaleza. La segunda es la transición. La persona llega a un terreno neutral que le plantea un desafío en el que tiene que establecer un reto con la naturaleza y con su mente, que le pide rendirse. La tercera es la incorporación; la persona completa el desafío y recupera su vida normal siendo una persona mejor. Es una exploración y ampliación de las fronteras de su zona de confort.
Los ritos de paso, en el sentido tradicional del término, prácticamente han desaparecido, aunque todavía existen en algunas culturas. Los neerlandeses siguen celebrando una tradición exploradora en la que vendan los ojos a los niños y los dejan en el bosque de noche con pocos recursos para saber si son capaces de encontrar el camino a casa. Pero no encontramos a nadie a quien sus padres dejaran en la estacada y le dijeran: “Nos vemos en seis meses”. Lo cierto es que la sociedad ha adoptado la filosofía totalmente contraria.
Incluso experiencias livianas de grupos de niños exploradores, para pasar una noche en el bosque, se cancelan muchas veces por “mal tiempo”. Esos ritos son esenciales para la experiencia humana; son como cruzar una línea en el suelo para convertirnos en humanos. Si bien nuestra cultura ha permitido que estas iniciaciones se atrofien por el desuso, en todos nosotros persiste una necesidad arquetípica de ser iniciados.
Un estudio comparó personas que habían pasado adversidades con personas que habían estado protegidas toda su vida. Aquellas que habían transitado alguna adversidad, afirmaron disfrutar de un mayor confort mental durante los años que duró el estudio. Estaban más satisfechas con su vida y tenían menos síntomas psicológicos y físicos. Eran menos propensas a usar analgésicos con receta. No requerían tanta atención médica ni se les reconocían tantas incapacidades laborales. Esas personas habían adquirido una capacidad interna que las había hecho más duras y resistentes a los desafíos. Tenían más capacidad para gestionar las nuevas frustraciones. Luego se les pidió que metieran la mano en un cubo de agua con hielo y que aguantaran todo lo posible. La gente mostró sentir un dolor menos intenso si ha vivido alguna adversidad.
Aquí dejamos el vínculo para descargar el informe completo.








1 comentario en “La trampa del confort”
Muchas gracias!! Por la información!!