MITOS Y EVIDENCIAS
A partir de informes de autoridades de EEUU y Alemania, invitamos a reconsiderar los mitos generados con el colesterol. Reconsideremos su significación biológica, como el elemento más trascendente de nuestra biología corporal. Y cuestionemos la mitología sobre los “valores normales” y acerca de la dualista y peligrosa consideración del “bueno” y el “malo”. Sin olvidar los riesgos de la represión ortodoxa.
Interesante una declaración del Departamento de Agricultura de EE.UU., responsable de elaborar las Guías Alimentarias para los estadounidenses: El colesterol “no es un nutriente de preocupación” en la aparición de patologías del corazón, haciendo un radical giro en la información nutricional conocida hasta ahora. Incluso, el artículo afirma que el principal factor a considerar en materia de prevención cardiovascular es el consumo de azúcares.
El Dr. George Mann (director adjunto del estudio para la incidencia y la prevalencia de la enfermedad cardiovascular y sus factores de riesgo) afirma que, “las grasas saturadas y el colesterol en la dieta no son la causa de la enfermedad coronaria. Este mito es el mayor engaño del siglo”.
La publicación hace referencia a que anteriormente, las guías alimentarias recomendaban que el consumo de colesterol se limitara a no más de 300 miligramos diarios. “No obstante, la evidencia disponible no muestra una relación apreciable entre el consumo de colesterol en la dieta y el colesterol de la sangre, de acuerdo con la Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Cardiología.
Las indicaciones actuales señalan que el metabolismo del organismo funciona con 950 mg de colesterol diariamente, el cual es producido por el hígado. El 15% del total es obtenido mediante la alimentación. El documento también hace referencia a que si hay una ingesta menor de grasas a las necesarias, el hígado deberá trabajar más para mantener los niveles adecuados. Sin embargo, si son elevados, éste puede funcionar perfectamente, lo que eliminaría los términos de colesterol “malo” y “bueno”.
“The Washington Post” señala que el Comité Asesor de Guías Alimentarias, al no advertir a la población contra el consumo de alimentos altos en colesterol se centrará en el azúcar como la principal sustancia de preocupación a nivel poblacional (en realidad no es solo el azúcar de endulzar, sino los almidones el principal factor por su alta ingesta). Por otra parte, esfuerzos por eliminar o reducir los azúcares en la lucha contra las enfermedades cardiovasculares pueden llevar a un aumento en el consumo de edulcorantes no calóricos en la población.
Los efectos que pueden ocasionar los edulcorantes no calóricos a largo plazo en el organismo, incluyen el aumento de peso, síndrome metabólico y aparición de diabetes tipo 2. Algunos autores han descrito que los edulcorantes, principalmente la sucralosa, puede actuar directamente a nivel del páncreas, generando un incremento en la insulina.
Cuando comenzamos a pelearnos con el colesterol?
¿Cuándo comenzamos a pensar en términos colesterol bueno/malo? El colesterol es un compuesto esencial a la vida. Está en bacterias, vegetales (ligado) y animales. Si no lo ingerimos, el hígado e intestino delgado lo producen (1,5g). Y también todas las células pueden producirlo. Forma las estructuras: 50% de las suprarrenales, 15% del cerebro, 10% de corazón y pulmón. La leche materna tiene el doble de colesterol que la leche vacuna. ¿Es un error de la biología?
Pero veamos que tareas desempeña el colesterol en el funcionamiento corporal:
– Estabiliza y protege las membranas celulares
– Resguarda la estructura del sistema nervioso
– Es precursor de los ácidos biliares, necesarios para el metabolismo de las grasas alimentarias (¡¡¡y para regular el exceso de colesterol orgánico!!!)
– Es componente básico de las hormonas sexuales (estrógenos)
– Provee la sustancia inicial para las hormonas del estrés, sintetizadas en las suprarrenales
– Protege la piel y evita su deshidratación
– Interviene en la formación de la vitamina D (se sintetiza en piel)
– Apoya el sistema inmunológico
– Protege a los diabéticos de daños renales
– Confiere elasticidad a los glóbulos rojos
– Es esencial en el desarrollo cerebral del recién nacido
– Impide malformaciones en el embrión
Probablemente no haya ningún mineral o vitamina, al cual correspondan tareas más trascendentales y variadas que al colesterol. Dada su importancia, nuestro organismo no confía en el aporte nutricional y lo produce internamente a través del hígado y el intestino delgado. Desde allí pasa a la sangre, donde se combina con proteínas de transporte y se distribuye en el cuerpo. Solo un 5% del colesterol corporal circula por la sangre; el resto realiza sus tareas vitales en las células, que incluso también pueden producirlo por sí mismas para suplir las necesidades de sus membranas.
Todo comenzó con un estudio en Finlandia, cuyas conclusiones fueron manipuladas. En Karelia del norte se mostraba que bajando el colesterol, bajaban las muertes por infartos. Pero no contaron que aumentaban las muertes totales. Aumentaban las muertes por cáncer, discapacidad mental, problemas hepáticos, anemia, sida…
Un estudio alemán sobre personas sanas aportó claridad sobre el tema. El profesor Hans Holtmeier afirmó ante la Oficina Federal de Salud (Alemania): “El límite de 200 mg de colesterol sérico postulado para las personas adultas, no está científicamente fundado. Es normal que una mujer de 55 años presente un valor de 260 mg. Creo que las personas sanas no deberían prestarle atención a valores inferiores a 300 mg”.
Exámenes realizados en distintas empresas alemanas sobre empleados sanos, mostraron un nivel promedio de 250 mg, con fuertes desviaciones y con claros incrementos en función al aumento de la edad. A partir de los 30 años se aprecian valores entre 200 y 300, que aumentan con la edad y la consecuente acción defensiva. También un estudio del Ministerio Alemán de Investigación y Tecnología fue concluyente: No hay relación entre colesterol alimentario y colesterol sanguíneo. Se evidenció que el colesterol varía con: edad, estaciones, apetito, estrés, sexo, actividad física, hora del día, clima, equilibrio hormonal, estado de salud…
Sin embargo, siempre fueron “comité de expertos” los que fueron bajando las recomendaciones sobre valores saludables de colesterol, pasando de 250 a los actuales 190. Sin hablar del efecto de las prescripciones de estatinas, fármaco cuyos efectos secundarios indican en el prospecto, riesgo de migrañas, mareos, trastornos alimentarios, impotencia, cálculos biliares, insuficiencia renal, depresión, agresión (por baja serotonina), tendencia a suicidio, estrés…
¿HAY COLESTEROL BUENO O MALO?
Unas líneas para aclarar ideas respecto a la simplificación sobre formas positivas o negativas de colesterol. Ante todo es importante saber que el hígado fabrica estructuras proteicas (lipoproteínas) para recubrir y transportar moléculas de triglicéridos y colesterol, hacia y desde las células.
Cuando la grasa alimentaria se metaboliza en los intestinos, es transportada hacia el hígado a través de lipoproteínas de alta densidad (HDL, llamado también “colesterol bueno”), a fin de ser redistribuida por este órgano según las necesidades del cuerpo. Dicha distribución hacia las células se hace a través de lipoproteínas de baja densidad (LDL, llamado “colesterol malo”); para las cuales todas las membranas celulares tienen apropiados receptores. Cuando las células ven satisfechas sus necesidades de lípidos, cierran dichos receptores y los lípidos continúan circulando en la sangre hasta que las células adiposas los capturan para almacenarlos como reserva o bien vuelven al hígado a través de lipoproteínas de alta densidad (HDL). El colesterol malo (baja densidad) es benéfico: interviene en la formación de hormonas, en la síntesis de la vitamina D y esta promovido por la exposición al sol (UVB).
Como puede verse, poco sentido tiene hablar de “bueno” o “malo”, ya que estamos hablando de imprescindibles medios de transportes del material graso. El problema lo genera en realidad nuestra alimentación. Al ingerir mala calidad de grasas (especialmente industrializadas) o exceso de carbohidratos (sobre todo los refinados y los almidones, de rápido paso a la sangre), elevamos el nivel de triglicéridos y el colesterol circulante en la sangre. Esto colapsa el sistema de transporte hacia el hígado (HDL) y al quedar este abundante material circulante en forma de LDL, se genera la posibilidad de lesiones en las paredes arteriales (arteriosclerosis).
Nadie habla de los verdaderos problemas escondidos detrás del colesterol. En primer lugar las “grasas malas”, no porque sean “malas en sí”, sino por el procesamiento industrial que oxida al colesterol generando el peligroso oxicolesterol. En este sentido vale nombrar a los lácteos (leche en polvo), huevo en polvo, grasa láctea, aceites refinados, etc. Y sin olvidar el problema del exceso de carbohidratos refinados, como el JMAF (jarabe de maíz de alta fructosa) que es el masivo endulzante de la industria alimentaria y que es el principal responsable del hígado graso.
Cuando hay colesterol excedente en el sistema corporal, el exceso se descarga al intestino por medio del flujo biliar. Allí hay bacterias encargadas de desdoblarlo a fin que sea eliminado por evacuación intestinal. Pero si hay disbiosis y no están esas bacterias, las vellosidades intestinales, que lo consideran útil, lo reabsorben y lo devuelven al hígado para su empleo. O sea, una verdadera “puerta giratoria”
La verdadera causa de las lesiones arteriales (falsamente atribuida al colesterol) está lejos de ser totalmente comprendida y como siempre sucede en el cuerpo, tienen que darse una suma de circunstancias concomitantes para que el problema haga crisis. En primer lugar debe haber un daño previo o un desorden inflamatorio en la pared arterial para que se forme el temido depósito (ateroma), en torno al cual se deposita el colesterol. El resto lo genera la sangre espesa (sucia, cargada de toxinas) y con tendencia a la coagulación (agregación plaquetaria). Es más, la presencia de colesterol en los ateromas (foto de la escena del crimen) es un intento infructuoso de reparación de los capilares.
“Hasta que se tome consciencia de esta realidad por parte de médicos y pacientes, millones de personas ofrendarán sangre para análisis sin sentido, los laboratorios reportarán grandes beneficios con los costosos análisis HDL/LDL, las empresas farmacéuticas tendrán abultadas utilidades, la industria (margarina, lácteos) no le irá en zaga, los sistemas de salud (que directa o indirectamente financiamos todos) dilapidarán fortunas y el indefenso ciudadano estará condicionado al miedo y a menos alegría de vivir. Del libro Buen Provecho de Udo Pollmer.
El archivo con más información se puede descargar aquí.








3 comentarios en “Bendito colesterol”
gracias, por toda esta buena información
Muy interesante la explicación sobre los valores normales de colesterol y cómo a cambiado con el tiempo. Me gustaría saber si la persona tiene patologías cómo enfermedad cardiovascular o diabetes si los valores de colesterol deberían ser menores a 250 mg.
Gracias!
El colesterol es una variable y un síntoma. Lo que debe hacer la persona es resolver la diabetes y lo cardiovascular. Puede tomar consulta por zoom coordinando a traves de consultas@nestorpalmetti.com