¿50 AÑOS NO ES NADA?
La biología siempre buscará adaptación para sostener la vida. La nuestra, la de los animales, la de los vegetales, la de los parásitos… Ahora bien, estos cambios adaptativos requieren tiempo, sobre todo cuando hablamos de alostasis. Y lo que comenzó con intervalos largos entre procesos de cambio en nuestros ancestros, tuvo una aceleración vertiginosa en los últimos tiempos. Y nos genera consecuencias. La revolución industrial marcó un gran impacto, aunque no en todo el planeta simultáneamente. Esto último ocurrió mucho más velozmente y sobre todo, casi globalmente.
Sin necesitar tanta evidencia, propongo un ejercicio personal (si tenemos seis décadas vividas), de simple repaso mental respecto a las cosas a las cuales no teníamos acceso en los años 60 y, por el contrario, lo que en contrapartida si disponíamos. Obviamente que cada cosa en sí puede no ser significativa, pero al analizar en bloque este panorama con la vida moderna actual, vemos cambios brutales a los cuales nuestra biología fatiga en adaptarse, ya que hablamos de cinco décadas, que a nivel evolutivo humano son solo segundos.
¿QUÉ ES LO QUE NO HABIA?
Supermercados: solo había almacenes de barrio a varias cuadras
Microondas: inexistente “arma de destrucción masiva”
Frízer: solo había compartimento para cubeteras
Conservantes: las latas se solían “hinchar”
Transgénicos: inexistente tecnología agrícola moderna
Glifosato – soja: obviamente son “hijos” de la transgenia agrícola
Salvado: no existía la necesidad de aportar fibra alimentaria
Comida en paquete: solo había algunas conservas en latas
Leche pasteurizada: llegaba leche cruda que había que hervir
Gaseosas y helados: lograr una bidu o una crush, era un “premio” cuando cobraba papá
Delivery: no se compraba comida hecha, todo se hacía en casa
Sedentarismo: casi todo se hacía a pulmón, en el patio o la vereda
Aburrimiento: el patio y los campitos ofrecían mucho por descubrir
Aire acondicionado: abanico para las damas y ventilador hogareño
Celulares – internet – mail – redes: la comunicación era hablándose cara a cara
Netflix – playstation: nos entreteníamos con Bonanza, El zorro o Lassie
Obras sociales: solo se podía ser “socio” de un sanatorio del centro
Pedazólogos: había un médico de familia que “veía” a toda la persona
Chequeos médicos: en casos extremos había un análisis de sangre o de orina
Trasplantes – quimioterapia – TAC: la cirugía era algo muy raro y extremo
Implantes mamarios y tatuajes: la gente iba auténtica, como tocaba
Levotiroxina – estatinas – omeprazol: solo había aspirina, mejoral, uvasal, chofitol…
Clonazepam: no había problemas para dormir, pese al calor y los mosquitos
Viagra, píldoras anticonceptivas: fármacos que aparecieron en las últimas décadas
Colorantes sintéticos para el cabello: había una aceptación de nuestra condición
Autoinmunes: los diagnósticos eran reuma, gripe o ataque de hígado
Hepatitis viral: era solo hepatitis y nos daban 2 meses en cama
Electrodomésticos: secarropas, lavarropa automático, lavavajillas…
Gimnasios ni personal trainer: se “transpiraba” trabajando “a mano”
Departamentos y monoambientes: nadie vivía “solo” y aislado
Geriátricos: los abuelos estaban en casa y tenían memoria para relatarnos sus historias de jóvenes
Salita de 2: hasta que llegaba la primaria, estábamos en casa
Colectivos calefaccionados: teníamos ventanilla para respirar oxígeno
Competencia: los vecinos del barrio cooperaban y se daban una mano
Secuestros y robos: íbamos caminando 15 o 20 cuadras hasta la escuela
Parásitos en el cerebro: la mucosa intestinal cumplía su función
Auto exigencia: se vivía con lo que había y no “sentíamos” ser pobres
Autos: tener una motoneta era “lujo” para el barrio y había bicicletas
Soledad: había tejido grupal, familiar y barrial, que contenía
Obesidad: eran casos raros, lo normal eran los delgados
¿QUÉ ES LO QUE SÍ HABÍA?
Almaceneros: fraccionaban en la balanza, daban “yapa” y “anotaban” en la libreta
Abuelos sin anteojos: los tuve casi centenario y enhebrando hilo/aguja
Teléfonos fijos: solo algunos lo tenían y después de un tiempo de espera
Televisión abierta: un par de canales, TV blanco/negro en algunos hogares
Cines de barrio y sin techo: veíamos películas “bajo las estrellas” y en sillas de lata
Discos vinilo: si teníamos un winco, los escuchábamos hasta aprender las letras
Se escribían cartas: había un tiempo para sentir y volcarlo en un manuscrito
Padres con tiempo: las madres eran amas de casa y nunca estábamos solos
Baños con retretes: aún escuelas privadas tenían solo el retrete turco
Baños con excusados: cruzando el patio accedíamos al agujero en el piso
Casas con “fondo”: cincuenta metros con pasto, frutales y pequeña huerta
Campitos, zanjones: espacios de encuentro infantil para jugar a la pelota y pescar
Jugar con tierra y barro: ante economías austeras, eran alternativas creativas
Ferias del barrio: dos veces por semana venían los productores a vender en la calle
Colectivos con ventanillas: uno podía abrirlas y dejar entrar aire con oxígeno
Corrientes de aire: las casas tenían “chifletes” y circulaba el oxígeno
Frio en invierno y calor en verano: lo necesario para estimular la inmunología
Seven up: era la “recompensa” para el que estaba enfermito
Vecinos: había charlas en las veredas y en el barrio todos nos conocíamos
Casas “chorizo”: vivían y compartían varios miembros de la familia
Jarras de enema en el baño: abuelas o madres sabían usarla regularmente
Te de ruda y ajenjo: eran para prevenir la “solitaria” del intestino
Después de este repaso ¿podemos pensar que la biología humana logre una adaptación a tantas nuevas variables en apenas cinco décadas? Y no solo hablamos de cuestiones físicas, sino emocionales y de contención. Todo ocurrió muy de prisa y casi sin darnos cuenta.
Nuestro estilo alimentario se hizo altamente tóxico y no fisiológico, lo cual se agrava por la abundancia. Al problema alimentario se suma el generacional olvido de prácticas hogareñas de depuración (enemas, purgantes). Se suman los parásitos que aprovechan las mucosas demasiado permeables, a causa de la inflamación crónica. Estos huéspedes consumen e inhiben nutrientes, chupan sangre (250cc cada día), alteran el balance hormonal y nos dejan sus excrementos (orinan anfetamina e histamina) que generan alergias, candidiasis, convulsiones…
El estilo de vida moderno se caracteriza fundamentalmente por el sedentarismo. Y contemporáneamente aparece el estrés físico (autoexigencia, consumismo, ansiedad) y el estrés emocional (rotura del tejido grupal). Hay más competencia y menos cooperación. El estrés lleva al consumo cuantitativo desmedido de alimentos adictivos que operan como “calmantes” del sistema nervioso, de la insatisfacción (ansiedad) y del “dolor” emocional. La consecuencia: acumulación tóxica con la cual debe lidiar nuestra biología.
Obviamente se fueron generando las adaptaciones homeostáticas y luego alostáticas, sobre todo frente al estrés creciente por todos estos factores sociales, pero que a veces resultan insuficientes. Pero veamos mejor estos términos en el informe que se puede descargar aquí. Buena lectura…








2 comentarios en “Cambios en vida moderna”
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